El Sónar sigue siendo el mejor festival de España: o, como poco, el mejor para descubrir música que no conoces. Raro es marcharse de Barcelona sin cinco conciertos memorables. Este año salimos con esta impresión:

Lo Mejor:
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Instalación “Feed” (Kart Hentschläger):Ruido, humo y psicodelia en el Centro de Arte Santa Mónica. Sesenta personas encerradas en una habitación que acabó convertida en otra dimensión. Sonic Boom, Bobby Gillespie, Thimoty Leary y Antonio Arias lo habrían disfrutado.

Devo: Dignos y divertidos. Su discurso no sólo no envejece, sino que suena más relevante con el paso del tiempo. Por desgracia, todas las profecías de involución humana expuestas en sus canciones han resultado ser ciertas. No se los pierdan en Benicàssim.

Ruido:Wolf Eyes nos regalaron media hora brutal, KTL nos sumergieron en una piscina de noise hipnótico y Sun )))0 no estuvieron mal (les sobra un poco de cuento). Pero nos informan fuentes fiables que lo mejor fue Maxwell & Hecker. La escucha de mp3s y los visionados de Youtube confirman su potencia ruidista.

Altern 8: Un “remember” de cinco estrellas. De “Good life” a los primeros Prodigy pasando por todos los himnos de la etapa dorada de las raves. Los diez minutos que pasamos escuchándolos en los coches de choque fueron atómicos.

DJ Skream: Una sesión elegante y flotante que convence del poder de seducción del dubstep. El Sónar también es grande porque es el único festival de verano (junto con los de jazz) que presta atención a la música negra.

Lo Peor:
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El sabotaje a Calle 13: El mejor grupo de la corta historia del reggaetón vino desde Puerto Rico con orquesta completa y sólo le dejaron tocar media hora. Pagaron los retrasos del escenario Sonar Park y además sufrieron un sonido lamentable. Qué bajón.

La mitad de Beastie Boys:Su concierto instrumental del jueves resultó un aburrimiento. El del viernes (muy parecido, aunque con más hip hop hits) fue una montaña rusa con temazos y absolutos coñazos. Por debajo de su leyenda.

Rahzel: El beatboxer más famoso del mundo lleva dos años girando sin variar un ápice su show. Más parece un concursante de El Club de la comedia rapera que un artista con discurso y sustancia.

FM 3 y las Buddha Machines: Un show cansino construido a base de estos walkmans que contienen una oración budista. El sonido apenas era audible y se notaba que el objetivo era vender los cacharros. Como en una reunión de Tupper Ware. En todo caso: FM3 se redimieron con su intenso show junto a Blixa Bargeld.

Postdata:No estuvo nada mal la selección de cintas de Sónar Cinema. Mención especial para Jem Cohen y su corto “Little Flags”, toda una lección de cómo mezclar arte y política sin resultar obvio.También moló la peli de Zidane, aunque no se oyera la banda sonora de Mogwai (o a causa de ello).