El fallecimiento de James Brown me rescató de la memoria mis tiempos mozos en el mundo de la noche de la Costa Brava, aquel entre 1970 y 1973 con Brown como rey absoluto de las discotecas. Cuando José Padilla, en una entrevista en Rockdelux, confesaba haberse aficionado al mundo de los platos subiendo los fines de semana a Lloret De Mar, estaba rindiendo tributo a unos precursores artesanales (algunos pinchaban sin previo ni auricular, simplemente dejando caer la aguja en el surco según el claroscuro) del arte de mover a una audiencia hacia la pista de baile. Entonces los DJs operaban como sicólogos y cada canción era meditada según la respuesta del público a la anterior.

Uno de sus recursos infalibles era James Brown. Entre sus decenas de hits en las listas especializadas de música de color que ponían la pista a reventar,destacan por títulos como “Get Up I Feel Like Being A Sex Machine”, “Get Up, Get Into It, Get Involved” y “Get On The Good Foot”. ¿Quién no ha coreado, mientras perdía el rastro de su desodorante, las sílabas “get it” hasta la extenuación? El asunto cobró tal magnitud que, en la jerga de los profesionales, se empezó a aludir al turista –anónimo, sin una nacionalidad específica, como mercancía para llenar o vaciar la pista- como el “get it”: el guiri. Poco a poco a lo largo de los años, el vocablo se fue popularizando por todo el país entre las gentes de la noche, y ahora está reconocido por la Real Academia, aunque ésta no se pone de acuerdo acerca de su procedencia. Ni viene de Euskadi ni de la jerga argelina. Viene del “Sex Machine”.