Uno de mis pasatiempos más placenteros últimamente está en navegar por la red buscando cds buenos y baratos. Antes de poder comprar por Internet, siempre revoloteaban por mi escritorio papelitos escritos a salto de mata con apuntes de nombres de discos que quería obtener. Esto por suerte no ha cambiado, solo que ahora, habiendo repasado un par de tiendas físicas infructuosamente, una vez al mes apago el ventilador, los papelitos bajan a la mesa y, tras descifrar la caligrafía médica, pesco en el mercado virtual pero-que-cobra-de-verdad. Mi norma es no pasar de los 8 ó 9 euros (5 ó 6 libras en la Amazon británica, o 10 dólares en la estadounidense) sin pretender pillar la super novedad sino más bien productos que ya llevan en el mercado unos meses. La recompensa llega cuando pago un céntimo –más los tres euros de gastos de envío- por una colección de canciones posiblemente insuficiente –juro que “No Danger” de Inouk me costó eso- pero con tres o cuatro cortes pasables y un par destacables. Nivel calidad/precio pues más elevado que el segundo de Bloc Party.

De este modo adquirí “My Days With The Astronauts” (Openseason records 2002) el año pasado, ya que estaba escrito en uno de los papelitos flotantes más antiguos. Como todo ser humano acostumbrado a omitir sus fracasos y explayarse en los aciertos, afirmo que la de Blank Space ha sido una gran compra. Un trabajo de penetración lenta que, debido a sus características extramusicales –viejo, de rebaja- debía competir duramente con discos más apetitosos para hacerse un
hueco en mi reproductor. Y efectivamente así lo hizo. Cuenta con la ventaja de una estructura y una voz amigas de los parámetros impuestos por Radiohead, que no necesita usar nuevas reglas para contactar con quien lo escucha. Sonido fluido, tranquilo, con un punto de tristeza –“Are You There?”, “Limitations”-, que evita caer en la autocompasión o en la afectación exagerada, con algún ramalazo de rabia –el minuto y medio de “Folk Hero Demise”- pero que retorna maravillosamente al nido –el estribillo repitiendo`Alex go on into the sunset´ de RUT”- sin evitar –“Music To The Ears Of Monsters”- la fijación por la electrónica de la etapa “Kid A” de los de Oxford.

Maneja el disco casi por completo Alex Dew, con la ayuda del percusionista Damian Kenley y del teclista Dan Phelps, y tres de las canciones –“My Days With The Astronauts”, “Music To The Ears Of Monsters” y “Folk Hero Demise”- se habían publicado antes en un mini álbum con el mismo título que esta última.

Mientras escucho el cierre con un “Let It Out” de matriz Cohen, intento recabar información en la red sobre Alex y, sorpresa, apenas un comentario procedente de Leeds. Rebusco entre los dichosos papelitos aterrizados el origen, el por qué tenía este disco yo apuntado. Tan solo una referencia, la reseña del disco en un “New Musical Express” de noviembre del 2002. Y después nada. Alex Dew –si no es un piloto que tiene su mismo nombre en el google- se ha esfumado, así que se agradece cualquier información actualizada. En cualquier caso, con el cd pudiéndose adquirir en mayo del 2007 por una libra y poco, un brindis a su salud con la pasta que ahorramos al no haberlo pagado a precio normal.