Gallon DrunkCuando abrí este blog me prometí que no era para escribir las cosas más rápido, sino más despacio. Me explico: muchas veces te das cuenta de los méritos de un disco cuando llevas un par de años dándole vueltas, liberado de las presiones de tener que argumentar sobre él. Justo en ese momento -vaya por dios- aparece claro todo lo que querías decir. Alguien pensará que me he precipitado escribiendo tan pronto la reseña de “In Rainbows” de Radiohead. El tiempo dirá. Esta vez rompo la regla por razones prácticas: acabo de ver a Gallon Drunk en la Sala El Sol (Madrid) y me han noqueado por completo. De hecho, tengo tal zumbido en la cabeza que no me puedo dormir, así que he me he hecho un poleo XXL (kick out the jams, motherfucker) y me he puesto a contarlo a las 3:07 de la madrugada, con este subidón que no acaba de pasar.

Gallon Drunk no han inventado nunca nada ni han roto el mobiliario de la sala al estilo de los Horrors en Moby Dick.No les hace falta. Se han limitado a convertir un saxo, un teclado, un bajo y una guitarra en un auténtico rodillo de rock and roll de la vieja escuela. La voz de James Johnston está a la altura, pero podría prescindirse de ella y seguiría sonando igual de impactante. A su lado, los curtidos y efectivos Unsane sonaban hace unos días como La Casa Azul (bueno, como Humbert Humbert). Tiene mérito, ya que el saxo debe de ser el instrumento peor usado en la historia del rock (quitando a James Chance y Stooges). Gallon Drunk son un grupo de los noventa con bastante mala suerte. “Si hubieran pillado el tren de Jon Spencer Blues Explosion podría haberles ido de puta madre”, explicaba hace unas horas su promotor, que venía de trabajar para The Waterboys en la sala Joy Eslava. Así describía el concierto con el que ganó dinero: “Estaba llena de pijos coreando las canciones. Ha sido un “sold out” y me alegro porque así podemos permitirnos perder dinero con este sonido que te taladra la cabeza”. Entonces -pregunta el crítico Ramón Escobar– “¿Es como si les hubieráis cobrado el impuesto revolucionario?”. Respuesta: “Sí, sí, algo así”. En la sala El Sol habían unos cien fans (quizá menos) que han esperado con paciencia hasta las 12:30 para escuchar al grupo de Johnston. Su ritmo ha sido firme, ascendente, más que tenso, con una desbordante recta final coronada por su canción más famosa: “Some fool’s mess”. Resulta raro que un grupo que vuelve suene así, pero ellos son uno de los pocos artistas resucitados (con Wire y Beasts of Bourbon) que suenan como si hubieran ganado con el tiempo. No se los pierdan si pueden en la sala Tropicana de Santoña (hoy) o en el Savoy de Gijón (mañana). Si les gusta el rock and roll les gustará Gallon Drunk .Eso es todo. Me voy a dormir que ya tengo sueño.