James ChanceEstuvimos viento a James Siegfried, conocido como James Chance, en La Casa Encendida (ese sitio cuyo nombre todo el mundo pronuncia con unción). Pionero, a finales de los 70, en la defensa de la música negra, está empeñado en la actualidad en una batalla que tiene ganada de antemano: hacer del rock el medio de expresión de sentimientos, ideas y pasiones abstractas como ya lo es el free jazz. Su actuación dentro de la presente edición de Experimentaclub nos ha inspirado las siguientes consideraciones:

1- La música del siglo XXI existe aunque la industria y los medios se nieguen a aceptarlo. La presencia del poder de hecho del mundo musical español (popes de la crítica y la industria, estrellas y músicos) brillaron por su ausencia en uno de los mejores conciertos de la temporada.

2- El público musical es cada vez más culto en España. Absolutamente desconocido aquí en 1979, Chance consigue, 28 años después, llenar un local de capacidad media como es el patio central de La Casa Encendida.

3-No había sin embargo representantes de la primera generación punk madrileña que no prestó ninguna atención a la No Wave neoyorquina deslumbrada como estaba por el punk de boutique londinense.

4- Chance demostró sobre el escenario de Experimentaclub que se puede envejecer en el rock con dignidad y sin nostalgia y que, con 54 años, es más radical e innovador que mucha gente con la mitad de su edad.

5- Todavía existen campos inexplorados en la música moderna e incluso en el rock. El free-funk declamatorio y nihilista que oímos aquella noche es un ejemplo tan válido como emocionante.

6- El buen sonido existe y es algo factible y asequible. El patio de La Casa Encendida solía ser un infierno, sin embargo, la música eléctrica y salvaje de James Chance sonó impecable.

7- La adquisición de una entrada por barata que sea debe dar derecho, como en cualquier otro espectáculo, a un asiento donde escuchar dignamente la música. Ha de ser el público y no el promotor quien decida si lo que oye le hace levantarse o no. La música de James Chance ha resultado menos bailable y más difícil de lo esperado y a pesar de su violencia e intensidad no lograba acallar el molesto el murmullo de las conversaciones de los fatigados y aburridos.