No queremos reconocerlo en voz alta, pero hace tiempo que Wilco son grandes. En todos los sentidos, peyorativos incluidos: el libreto de “The Whole Love” (dBpm 2011), el segundo CD con temas extra y la parafernalia que acompaña su edición así lo insinúan, aunque por otro lado reconozco que, para un grupo otrora “alternativo”, ha de ser muy difícil esquivar los tics de las bandas de estadio cuando su popularidad, por falta de competencia mayormente, les casi obliga a asumir esta función, sobre todo si tienen detrás a un público –por número y fervor- capaz de llenar recintos mastodónticos en cada ciudad que visitan. Al margen, en la cuneta, quedamos los seguidores primigenios, pensando al escuchar piezas con pinta de directo potente –como “Dawned On Me”– si eso es lo que queremos de Wilco. ¿Una máquina bien engrasada? ¿Rockin´ in the park?

En cualquier caso, pronto –muy pronto- asoma la añoranza que todo lo perdona. Tras un inicio inusual –no porque en “Art Of Almost” sea la primera vez que ejecutan el pulso alemán, sino porque no suelen un álbum de frente con él-, en seguida la memoria me devuelve a 1999, cuando me tocó entrevistar a Jeff Tweedy –Rockdelux 162- con motivo de la publicación de “Summerteeth”, y salió el tema Beatles. ¿O fue Beach Boys? El caso es que suena “Sunloathe” y, por arpegios, coros y el sol como excusa, es puro “Abbey Road”. Después vendría “Yankee Hotel Foxtrot” y seguidamente la mecanización de un pulso esbozado en los teclados de “Summerteeth” antes de la llegada de Jim O´Rourke. Insiste Tweedy en mantener abierto, tras trece años, un círculo que podía haber cerrado. ¿Trece años después volvemos a estar igual? No tan deprisa.

Con la madurez como arma secreta, ahora las influencias se insertan con mayor naturalidad –además de experiencia y presupuesto- y bastante fino hay que hilar en “I Love My label” –del CD bonus- para aseverar que ahí hay escondido un cambio de acordes prestado de “Hey Jude”. “Black Moon”, en su versión alternativa, es más sentida y desnuda –como si se hubiese publicado en el segundo álbum del grupo allá por 1996- que la oficial, pero en la elegancia de esta última –la slide sobretodo- se puede disfrutar del poder anestesiante que solo ellos son capaces de recetar. Escuchándola no piensas. Transitas. Y llegas a “Open Mind” para comprobar que, como siempre –al menos para mí- mejor funcionan cuanto más sencillos, con la voz del jefe emocionando desde la transparencia melódica, capaz de conseguir encajar un discurso largo tipo Dylan en los doce minutos de disfrute pastoral de “One Sunday Morning” que transcurren como una exhalación.

De la vertiente experimental, descoloca sobremanera el palpitar voluptuoso de “Speak Into The Rose”, seis minutos instrumentales que incomprensiblemente quedaron fuera del CD oficial. De modo que, si pudiera volver a entrevistarle, lo primero que le preguntaría es por qué –con canciones tan competitivas- no lo distribuyó en un doble CD imparcial sin discriminar, como “Being There” (David Saavedra acertadamente se lo insinuó a John Stirratt en Rockdelux 299). Lo segundo sería acerca de una portada que enfatiza el lado más mecánico en detrimento del rural –tecnología prevaleciendo sobre tradición- de portadas anteriores. Y, tercero, lo más importante para mí: ¿para cuándo un disco acústico –oficial- de Tweedy en solitario?