GoldrushHay una teoría que dice que hasta el más inepto puede parir una buena canción. Y si no es inepto del todo, hasta puede que un par o tres. Con esto quiero defender –más que llamar ineptos: solo intentaba llevar el ejemplo al límite para que se entienda mejor- a la gran mayoría de discos del mercado, los imperfectos, los que esconden un par de buenos temas que jamás lograrán hacerse escuchar porque este mismo mercado los ha ignorado confundiéndolos entre la mediocridad que los rodea.

Es el caso de Goldrush, formación británica de tierra de Radiohead (Oxford) con grandes expectativas hace cinco años –contrato multinacional, sonido ampuloso, voz rota- que no consiguió despegar con el debut “Don´t Bring Me Down” (Virgin 2002) pese al gancho de canciones como “She Comes Around”, “Wide Open Sky” y “Don´t Bring Me Down”. Recuerdo sin embargo con afecto un corte pausado llamado “Let You Down”.

Algo debió verles David Fridmann para contribuir tres años después a la elaboración del segundo álbum “Ozona” (Truck 2005) con tres cortes producidos –destacan “Each Moment In Time” y “Come On Come On”- y otros dos mezclados, entre ellos las canciones “bonitas” del lote, “Counting Songs” y la repescada “Let You Down”, también presentes en el mini “Extended Play” (Truck 2003). Onda tristona de saga Coldplay –como Thirteen Senses- con mucha melodía pero carente de personalidad propia. Tal vez composiciones como “Feel” hubiesen brillado más con arreglos de pop psicodélico sixties.

Para el tercero, “The Heart Is The Place” (Truck 2007), la producción de Justin Rutledge pretende dotarles de trascendencia, aunque la canción que brilla muy por encima del resto es una “Everyone Of Us” paradójicamente calcada de los trabajos de Fridmann con The Flaming Lips. Euforia lozana contagiando durante el tiempo sufriente para que veamos en “24 Hours”, “Goodbye Cruel World” y casi todas las que vienen después su lado positivo. ¿Resultado? Donde antes percibimos una perla acompañada por diez pedruscos ahora incluso nos atrevemos a recomendar baladas clásicas como “Yours And Mine”. Maldita sea, me estoy ablandando (aún más).