Una conversación con Red“Nothing To Celebrate” – su disco de 2005 – bien merecía una entrevista con Olivier Lambin, (algo) más conocido por Red. Pero ésta ha llegado con “Social Hide And Seek” (2007). El francés es un talento puro que pasó con notable su etapa freakie de juventud y alcanzó el sobresaliente emulando al mismísimo Johnny Cash en “Nothing To Celebrate”. En sus respuestas encontrarás algunas claves de cómo se hace un artista.

-Buscando en internet, no he encontrado muchos datos biográficos tuyos. ¿Es una decisión personal?
-En absoluto. Si no los has encontrado es porque me preguntan poco por ello. Será que no interesa demasiado.

-A mí me interesa, por ejemplo, conocer tus primeros recuerdos musicales.
-Tengo un recuerdo muy nítido: el mi madre con el single “I Want You”, de Bob Dylan, delante del tocadiscos. Recuerdo que me decía “no sé qué” de aquella canción, lo cual no entendí porque entonces yo tenía cuatro años. Con el tiempo un día le pregunté si recordaba aquel episodio y qué me dijo entonces. Me respondió que esperaba que algún día aquella canción me cambiara la vida como se la cambió a ella. ¡Por supuesto que me la cambió!

-¿Y en qué momento decidiste que querías ser artista?
-Inconscientemente en aquel mismo momento. Fue la primera – y más importante – lección que recibí. La segunda llegaría en la escuela. A un amigo le regalaron una Fender Telecaster y necesitaba un bajista para montar un grupo. Tenía quince años y aquello fue mi primera banda de rock’n’roll. Nos creíamos la hostia porque conseguíamos hacer versiones de Chuck Berry y Fats Domino. No recuerdo exactamente el estúpido nombre que nos pusimos pero desde entonces no he dejado un día de tocar música.

-Siendo francés, tengo que preguntarte si escribir letras en inglés es una decisión consciente.
-Fue algo natural. Cuando era adolescente y empecé a escribir mis propias canciones no sentí la necesidad de exponer nada personal. Yo crecí con la colección de discos de mi madre y mi hermano mayor, toda ella compuesta de música americana y bandas inglesas. Mis primeras lecciones de inglés me la dieron aquellos discos. Con ellos aprendí a decir ciertas cosas en el formato de una canción. Más tarde descubriría a la beat generation por los textos de William Burroughs y Allen Ginsberg. Entonces empecé a escribir canciones con la técnica del cut-up, que aprendí de ellos. Cogía periódicos británicos, extractos de una Biblia en inglés, que no sé por qué cojones teníamos en casa y cualquier panfleto que encontrara escrito en aquel idioma. Cogía textos al azar y los mezclaba formando letras realmente curiosas.

-Tus primeros discos suenan muy destartalados, ¿quizás están descompuestos o deconstruidos a la manera de Captain Beefheart?
-No exactamente. Al menos, en lo que se refiere a la composición. Porque te diría que tanto Don Van Vliet (Captain Beefheart) como yo tenemos la misma influencia vocal: Howlin’ Wolf. Y aunque creo que mi música podría definirse como blues, no lo toco siguiendo las mismas estructuras que él, aunque escuchando los discos de Captain Beefheart descubro la misma pasión por la improvisación que tengo yo. Me gusta ahora, porque cuando saqué mi primer disco, “Felk”, no sabía quiénes eran.

-¿Cómo recuerdas aquel primer disco?
-De una manera especial. Me junté con el cantante de un antiguo grupo para formar uno nuevo, que se llamaría Red. Estábamos escribiendo las canciones de aquel disco cuando tuvo un accidente de coche y murió. Cuando me dieron la noticia me sentí como se debe sentir una madre con un niño pequeño cuando le dicen que su marido acaba de morir. Tenía que sacar adelante aquel crío como fuera. Sólo tenía un ordenador, una vieja guitarra, un micro barato y una cantidad inmensa de silencio y soledad en mi vida. Eso es “Felk”, un disco que se me hace muy duro escuchar.

-Luego llegó la adaptación al completo de un álbum clásico de Leonard Cohen: “Songs From A Room”.
-En aquel momento estaba alucinado con ese disco y el sello Rectangle estaba interesado en hacer uno de versiones de él. El acuerdo fue instantáneo. Recuerdo que toqué las canciones de memoria. En ningún momento acudí al original cuando grabé mi “Songs From A Room”. Quizás por eso quedaron un poco extrañas – y no porque hubiese un ánimo de deconstruir un clásico como éste -, pero me encantan y sé que a Leonard Cohen también le gustó como quedaron.

-Creo que sólo a partir de “33” empiezas a madurar tu estilo, a hacerlo propio.
-Totalmente de acuerdo. “Felk” fue una emergencia y “Songs From A Room” un buen disco de otro.

Los recursos electrónicos estuvieron presente hasta “33”, quizás tu último disco “raro”. Porque a partir de “Nothin’ To Celebrate” haces de Red algo así como un clásico contemporáneo.
-Bueno, bueno, bueno… No sé exactamente a qué o quién se debió tal cambio… Lo que es cierto es que mi vida por entonces pegó un cambio. Conocí a cierta gente que me hizo despojarme de mi lado más individual y solitario. En aquel momento pensé que era una buena ocasión de tocar con músicos y abandonar la estrechísima relación que tenía con el monitor de mi ordenador. “Nothin’ To Celebrate” fue mi particular recorrido por los fantasmas americanos, ¡desde los enigmáticos músicos que aparecieron en los años veinte por el delta del Mississipi hasta el reciente espíritu de Johnny Cash!”

¿Y qué aporta en tu opinión “Social Hide And Seek”, tu último disco?
-Aporta el sonido en directo de mi banda. Ahora tenemos un sonido muy potente sobre el escenario. Lo podréis comprobar si venís a vernos. Somos una banda de rock’n roll y el público del rock es igual en todo el mundo.