Paul DuncanConocí la música de Paul Duncan a través de su segundo trabajo “Be Careful What You Call Home” (Hometapes, 2005) y me cautivó desde el título. Un nativo del este de Texas criado en Georgia moviéndose en aguas falsamente tranquilas de cantautor que dedica especial atención a la ambientación instrumental. Americana con ecos de folk inglés –las resonancias creadas por la guitarra y la voz apuntan a Island Records– aderezada por sutilezas jazzísticas: ¿estamos ante una mezcla de John Martyn y Talk Talk? La delicadeza (“In A Way”, el glockenspiel de “The Night Gives No Applause”) deja paso a un corazón de álbum instrumental que, cuando sale del periplo, ya es experto viajero capaz de medir distancias como el río en “Riverbed”. Los retablos de Paul tal vez destilen paz pero no sosiego y hay algo triste en sus trazos, como una melancolía de las que no tienen cura aparente. Ni con un poco de sexo.

Los adornos electrónicos del disco son sustituidos en “Above The Trees” (Hometapes 2007) por un protagonismo de la pedal steel (cortesía de Ken Champion en seis de los diez cortes). Así, nos topamos con un sonido en apariencia más country pero que sigue destilando el mismo goteo melancólico, ahora redondeado con violines y cuerdas –temblando a veces como las de “Astral Weeks” de Van Morrison– y con la voz de Duncan una pizca más aguda (aunque no tanto como la de Steve Winwood en Traffic). El hombre además ya empieza a tener peso como demuestran las firmas de los colaboradores Christopher Bear (Grizzly Bear) y Doug McCombs (Eleventh Dream Day, Tortoise). Repaso también la funda mientras suena el último tema “Memory Curves”: la portada con el ciervo en el lago de un paisaje montañoso del norte, el dibujo en blanco y negro de la funda interior evocando el de “Carbon Glacier” de Laura Veirs, los agradecimientos básicamente a músicos del álbum anterior (Bryan Collins, Claudia Deheza, David Daniell) así como a ilustres de la proyección de Ed Droste (Grizzly Bear). Y mientras pronuncia las últimas palabras de la canción –“and memory curves/ to make us smile”- también me asoma una sonrisa de complicidad por la comisura de los labios mientras intento rematar el escrito. Sí, Paul, yo también he estado bebiendo.