Iron & Wine“I was a quick wet boy diving too deep for coins…”

Recuerdo hace años en Filipinas, mientras esperaba en el ferry para cruzar de Batangas (sur de Luzón) a Puerto Galera (norte de Mindoro), a un grupo de niños en el desvencijado malecón sonriendo con pinta de traviesos. Si les lanzabas una moneda al mar se tiraban y buceaban hasta encontrarla. Su sonrisa al sacar la cabeza del agua con la moneda en la mano, a pesar de los muchos objetos que brillaban en aquel espléndido paisaje de ruina tercermundista y belleza tropical, es de lo que más queda grabado con el paso de los años; aquel blanco refulgente de los dientes contrastando con las oscuras pieles mojadas, los empujones de colegas y la alegría inquebrantable. Era seguramente, y con todas las penurias imaginables, una infancia más feliz que la de muchos niños occidentales.

“Now I´m a fat house cat nursing my sore blunt tongue…”

De eso hace, repito, muchos años, cuando los billetes de avión constaban de varios cupones y encajábamos en los asientos de clase turista con menos apreturas. Canciones que hablan del inexorable paso del tiempo hay muchas, y el tema central de “Flightless Bird, American Mouth” ni siquiera tal vez fuera éste, aunque viniendo del autor de “Our Endless Numbered Days” las connotaciones son inevitables. A mí al menos me ha entrado por ahí. Gracias Sam. Una vez más.