To My BoyHubo un tiempo, hace veinticinco años, en que la guitarra eléctrica parecía erradicada del mapa del pop. De toda aquella hornada de grupos con sintetizadores y ritmos programados, la Historia ha salvado –hasta el momento- tan solo a Depeche Mode, quienes prosiguieron cargando en solitario con la antorcha tecnológica durante el resto de la década de los 80. Y no sólo eso: su persistencia les hizo un hueco en la cultura dance y en el posterior desembarco de la nueva generación portadora del arsenal electrónico.
Aquellos primeros tiempos de tecno pop fueron muy divertidos. Himnos saltarines inundaban las ondas dominadas por Human League, Yazoo, Erasure, Orchestral Manoeuvres In The Dark (abreviatura de uso común: OMD) y posteriormente The Eurythmics. To My Boy reivindican, a su manera y adaptados al nuevo milenio en los detalles subliminales, aquellas dentelladas comprimidas de euforia. Básicamente es un sonido similar donde los parecidos superan las diferencias. Aquí hay algo –poco- de guitarra eléctrica, a veces incluso evocando la transición –los mismísimos Buzzcocks, o más bien Pete Shelley , se sumaron preservando ciertas rugosidades punk cuando vieron el éxito de parientes como Ultravox– de punk a tecno pop; hay bastante de estribillo definitivo; y pinceladas de electrónica chatarrera de los primeros –los buenos anteriores a Enola GayOMD con antecedentes de Kraftwerk. “Messages” (XL, 07) es directo, sin coartadas, honesto. No podría destacar una canción por encima de otra, todas emiten en un momento u otro su dosis de subidón. Chapuza sideral casera. A brincar pues.