Apuntes sobre GlastonburyLo reconozco: estoy enganchado. Es invierno y echo de menos los festivales de verano. Así que decido ponerme el último DVD que pedí a Amazon: “Glastonbury: The movie” (sí, el documental de 2006 dirigido por Julien Temple). Resumo en cuatro puntos lo que he sacado en claro:

1) Lo peor de todo es que seleccionan el repertorio por su “vibración festivalera” (que la letra hable de paz, amor y unidad) en vez de por su interés musical. Gracias a ese criterio delirante se cuelan horrores como Babylon de David Gray. Además, tampoco escogen con mucha gracia. De Pulp incluyen Common People cuando pegaría mucho más Sorted for E`s & Wiz (una gran descripción de los pros y contras del “buen rollito”). Además cortan las canciones (en los extras de la edición deluxe están enteras). El subidón más evidente llega con Swastika eyes de Primal Scream en la mítica gira de 2000 (con el atómico refuerzo Kevin Shields de My Bloody Valentine).

2) La escena más viva es en la que se habla de dinero: el jefe de unos punkarras que hacen percusión tribal le reprocha al organizador del evento (el granjero Michael Eavis) que les pague sólo diez libras por su trabajo (“Tío, has ganado millones con este festival”). Faltan datos para saber quién tiene razón en el conflicto, pero la tensión traspasa la pantalla. También les quedan chulas las imágenes de cómo los patrocinadores corporativos entran en los festivales. Qué triste la alegría de la barra Smirnoff. En los extras Noel Gallagher afirma “Glastonbury es el único festival: los demás son eventos corporativos con música”. Estaría bien que le recordase la frase algún redactor del Fiber cuando le suelte que “Benicàssim es el mejor festival del mundo”.

3) Hay que dar gracias al cielo de la segregación tribal en España. ¿Se imaginan tener que aguantar a Celtas Cortos en el escenario grande del Primavera Sound? Pues eso había allí con The Levellers (quienes, según Wikipedia, aún tienen el récord de asistencia a un show en Glasto, aunque no especifican la cifra). Los llamados new age travellers deben de ser la tribu más desquiciada del mundo: pijos con aspiraciones a “sin techo”. Ya lo dijo Nicky Wire (¿O era Richey Edwards?): “Seguro que si gritas Jeremy (equivalente a Borja) en uno de sus conciertos , la mitad del público se da la vuelta”. En el metraje se oyen también ecos de una canción de Manu Chao. Aquí tranquiliza saber que Viña Rock absorbe a todo el mundo que prefiere el calimocho a la sutileza.

4) En líneas generales el documental me parece un fracaso: sobre todo, porque no aumenta las ganas de ir a Glastonbury, sino más bien al contrario. Además aquí estamos bien surtidos. Las preguntas pendientes: ¿Por qué se disfrazan tanto los ingleses?¿Por qué de vikingo? ¿Realmente se siente la música a partir de la fila treinta? (en las imágenes da la impresión de que no). También resulta bastante chungo escuchar a la gente que se refiere a este festival como algo político ¿Por qué?¿Por el simple hecho de juntarse a escuchar música? Político no creo, sólo una oportunidad de airearse y vivir momentos chulos, por ejemplo el “Waterloo sunset” de Ray Davies, cima pop del metraje, un himno calmado pero capaz de emocionar al publico del escenario grande.

PD: No se les ocurra ver el DVD cenando. Hay una escena estomagante de cómo vacían los baños. Si no es un guiño al gran John Waters no le veo mucho sentido.