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En la película Donnie Darko una envejecida Katharine Ross me trajo los recuerdos inevitables de una de las cintas que más me impactó en mi adolescencia: “El Graduado”. Rememorando mentalmente, aún me llegan los ecos de la acústica líquida de Simon & Garfunkel perforando la personalidad en construcción de Dustin Hoffman. Dicen que Daniel Schneider encontró en El Graduado un nombre para bautizarse, The Singleman Affair, y seguramente de allí también surge la inspiración para el título del álbum “Let´s Kill The Summer” (Poptones 2006).

De hecho quería rescatar este disco –publicado hace año y medio- desde que empezamos el blog, y más durante las últimas semanas tras revisar a The Clientele y Coley Park. La etiqueta Poptones y el referente de Alan McGee, siempre a tener en cuenta pese a entregar últimamente una de cal y otra de arena, me impulsaron a comprarlo con cierto retraso ya en los albores del 2007. Durante los primeros días no le presté demasiada atención, confundido por la entrada oriental –Is Madras Morning Is– alejada del pop preconcebido debido al nombre del sello, pero a medida que avanzaba el verano hasta languidecer, una vez constatado que aquel sonido tenía más que ver con el Banhart acústico y profundo que con el de greñas y sitar, empezó el cosquilleo del cariño.

Cuando a finales de Dragonflies To Find Dan cambia súbitamente los arpegios acústicos cristalinos por una apenas perceptible guitarra eléctrica, empiezas a enfocar el álbum como un trabajo de matices y sutilezas. Más aún si también –al final de Eyelids In Light, la siguiente- introduce una percusión suave que pronto se desvanece ante la invasión de electrónica cauta. Las canciones van desfilando siempre con realce de plasticidad narcótica, acústicas, con un punto de reverb, como la versión unplugged de unos grandes éxitos de The Clientele ideal para una mañana de domingo resacoso, o el mismísimo uno de enero pasado, entre sábanas que se pegan en una cama sorprendentemente vacía tras el voluptuoso trajín de la noche anterior; con la luz entrando tibia mientras suena la versión de Little Sister de Nico o insinuándose ya desde los títulos en Don´t Leave By The Sunlight o Sun In Your Eyes. Un disco que, más que matar un verano concreto, hará que perduren entre la belleza de sus frágiles notas todos los veranos merecedores de ello. Los que se fueron y no volverán. Y los que agonizan. Nostalgia concentrada que dentro de unos años brillará en mi colección como la más preciosa de las perlas.