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El otro día, viendo un reportaje en la tele catalana, Guille (La Casa Azul) disertaba efusivamente sobre un estilo -¿?- musical que me atañe especialmente: el bubblegum o la música chicle.

En aquellas tardes soleadas de 1968, cuando yo estaba dejando de ser un niño para convertirme en rapaz y me salían pelos por todos lados menos por la parte superior del cráneo –era el aviso premonitorio: la decadencia empezaría prontísimo en aquella precisa zona-, encendía la radio y encontraba canciones fáciles con estribillos de una palabra repetida. Era el pop más rastrero del momento, el que más rabia suscitaba entre la creciente masa adicta a la psicodelia o al blues progresivo, y el más obscenamente comercial. El antídoto perfecto a las actitudes de falsa erudición de la época: como alabar los spaghetti-western del tándem Sergio Leone/Clint Eastwood frente a las cintas de Bergman, o los libritos del oeste de Marcial Lafuente Estefanía que nuestros padres leían en el metro frente a las obras completas de Ginsberg. Era, en definitiva, un problema de actitud e insumisión; y de restregar en la casa de los intelectuales aburridos la fregona de la diversión.

Al poco tiempo el chicle pasó directamente a engrosar las estanterías de lo hortera (ahogado por los antisistema convertidos en sistema), a mí los pelos me cubrieron todo el cuerpo menos la precoz desertización en la cocorota, y pasé a formar parte, perro traidor, de las huestes de greñudos que confraternizaban –el verbo copular en aquellos tiempos apenas tenía uso práctico- con adictos a John Mayall y Cream: es duro reconocer que hubo un tiempo –no muy largo por fortuna- en que renegué de Creedence Clearwater Revival para idolatrar a Ten Years After.

Aquí va pues una lista/resumen de aquellos dos años de euforia preadolescente debidos fundamentalmente a una movida patentada por la asociación de dos personajes, Jerry Kasenetz y Jeff Katz. Ellos crearon Super-K Productions hasta convertirla en una factoría de éxitos bajo el paraguas de Buddah Records, apoyados por otros orfebres del bubblegum como Joey Levine, Artie Resnick y Richie Cordell. Muchos de sus protegidos venían de Ohio, otros ni siquiera existían físicamente. La lista, a partir de la sexta referencia, deja de ceñirse a la etiqueta bubblegum estricta y va abriéndose a rutas paralelas. Llamémosles daños colaterales.

“Quick Joey Small” (Kasenetz Katz Singing Orchestral Circus). Buddah 1968, nº 19 EEUU. No es la canción más famosa pero sí la que me gusta más. Una batería seca e implacable daba paso al tono nasal característico de la factoría. Y de allí al delirio rociado con acné.

“Simon Says” (1910 Fruitgum Co.). Buddah/PYE 1968, nº 4 EEUU, nº2 Reino Unido. El hit que consagra a la sociedad y deja atrás los primeros escarceos canallas de Ohio Express, Capt Groovy y Shadows Of Knight –accesibles pero con un toque sorprendentemente garajero-: la eclosión y la consagración.

“Yummy Yummy Yummy” (Ohio Express). Buddah/PYE 1968, nº 4 EEUU, nº5 Reino Unido. Esa voz tan repelente para muchos en su apogeo. Tuvieron éxitos anteriores y posteriores –sobre todo “Chewy Chewy”– pero ninguno tan insidioso como éste.

“Sugar Sugar” (The Archies). Calendar/RCA 1969, nº 1 USA & UK. No pertenece a Kasenetz-Katz, sino a un grupo ficticio promovido por Andy Kim y Jeff Barry, que abandonaban Rare Bird Records, junto a Don Kirshner, de quien se hablará más abajo. Un éxito tan mundial como mundial pueda ser un éxito. Aquel verano del 69 fue de “Sugar Sugar”. Y a partir de entonces el bubblegum murió.

“Gimme Gimme Good Lovin´” (Crazy Elephant). Bell/Major Minor 1969, nº 12 EEUU & Reino Unido. Por la embestida rítmica inicial y la procedencia –Bell en vez de Buddah– no les reconocerías, pero es otra producción Super-K compuesta por Levine y Cordell.

“Mony Mony” (Tommy James And The Shondells). Roulette 1968, nº3 EEUU, nº1 Reino Unido. Presente en la lista más por el título y la coincidencia temporal que por las características musicales más afines a los hits de soul (pegaba muy bien en la pista con “Soul Finger” de Bar-Keys). Un bombazo para convalidar el despegue tardío de “Hanky Panky”.

“Helule Helule” (The Tremeloes). CBS 1968, nº14 Reino Unido. El eco del bubblegum llega a Gran Bretaña y Tremeloes no encuentran la manera de volver a la cima tras “Silence Is Golden”. Aquí lo intentan de la más vil de las maneras. Y la más divertida.

“Baby Come Back” (The Equals). President 1968, nº1 Reino Unido. Otra canción pegadiza e inolvidable, ésta procedente de un grupo británico con cantante de color –Eddie Grant, nada que ver con las voces constipadas de Super-K-, cuya simpleza se enganchaba como un Trident.

“Na Na Hey Hey Kiss Him Goodbye” (Steam). Fontana 1969, nº1 EEUU, nº9 Reino Unido. ¿Cómo se atreve alguien a titular la canción con casi todo el estribillo –faltan unos pocos na na nas- íntegro? Una burrada que funcionó.

“Ob-La-Di Ob-La-Da” (The Marmalade). CBS 1968, nº1 Reino Unido. En su día los compositores más reconocidos del planeta, Lennon & McCartney, en un acto de misericordia infinita abandonan su nube momentáneamente para hundirse en lo mundano, cotidiano y plebeyo prestando esta tonada ramplona a Marmalade (cuya línea de bajo, reconozcámoslo, ha sido copiada hasta la saciedad).

“Let´s Dance” (Chris Montez). Monogram/London 1962, nº4 EEUU. nº2 Reino Unido. Incluir en esta lista un hit de 1962 es quizás rizar el rizo, pero el organillo me lleva directamente a Ohio Express. ¿Soy el único en verlo así? Se puede apreciar mejor en la exitosa versión de los suecos Ola & Janglers en 1968 (publicado en España por Discophon en 1969).

“Neanderthal Man” (Hotlegs). Fontana 1970, nº2 Reino Unido. Uno de los éxitos más inteligentemente estúpidos de la historia del pop británico merece un par de líneas, porque tiene bastante sentido la inclusión de esta cantinela tribal aquí. Resulta que en este proyecto de Hotlegs andaban metidos Kevin Godley, Lol Creme y Eric Stewart. Después el trío formaría 10c.c con Graham Gouldman, quien había aportado composiciones a Mockingbirds, Herman´s Hermits, Hollies y Yardbirds para después irse a Nueva York a trabajar con Kasenetz y Katz. Dios los crea y… Grandes 10c.c.

“I´m A Believer” (The Monkees). Colgems/RCA 1966, nº1 USA/UK. El parentesco se establece a través de Don Kirshner, quien antes de fabricar The Archies ya intentó un invento similar con The Monkees en busca de la réplica norteamericana a The Beatles. La canción fue compuesta por un precoz Neil Diamond.

“In The Summertime” (Mungo Jerry). Dawn/Janus 1970, nº1 EEUU/Reino Unido. El declive del bubblegum no oculta la brecha abierta en el mercado por “Sugar Sugar”, con otra veta que recibiría el nombre de `canción del verano´. La de Mungo Jerry fue una de las primeras…y únicas salvables.

“Chirpy Chirpy Cheep Cheep” (Middle Of The Road). RCA 1971, nº1 Reino Unido. La más pachanguera de las canciones de verano tiene ingredientes de bubblegum cuyo valor pasa en solo un par de años de entusiasta a insufrible.

“Candida” (Dawn). Bell 1970, nº3 EEUU, nº9 Reino Unido. Otra tonada ramplona y abominable que acaba cundiendo más entre las amas de casa que entre el consumidor adolescente: no es de extrañar teniendo en cuenta que el artífice es Tony Orlando (ya con un hit en 1961), uno de los cachorros autores de la fábrica de Don Kirshner junto a Carole King y Neil Sedaka. Por cierto, cinco años después Don promovía rock casi sinfónico con Kansas.

“Hot Love” (T.Rex). Fly 1971, nº1 UK. Es la canción que podría hacer de puente entre el bubblegum y el glam. Recoge la inmediatez descarada del primero inyectándole la no menos descarada sensualidad del segundo.

“Me And You And A Dog Named Boo” (Lobo). Big Tree/Phillips 1971, nº5 EEUU, nº4 Reino Unido. Fácil y suave, no es chicle sino placebo: sin embargo como aquél se sigue masticando después de perder su sabor.

“Son Of My Father” (Chicory Tip). CBS 1972, nº1 UK. Mientras algunos pretendían reafirmar las virtudes del sintetizador como Emerson Lake & Palmer, otros hacían un uso del instrumento mucho más trivial. El tiempo ha demostrado que, por exceso o defecto, ambos merecían la lapidación.

“Popcorn” (Hot Butter). Pye/Musicor 1972, nº5 UK, nº10 USA. Me cuesta mucho decirlo pero lo diré: la mierda de canción que dio origen a una corriente tan importante como la de la música electrónica fue un exitazo veinte años antes de tiempo.

Posdata: Y por último una canción de la británica Billie Davis llamada “I Want You To Be My Baby”. No triunfó en EE.UU ni en Gran Bretaña (pese a que Billie era de Woking, Surrey) pero sí en un mercado europeo ávido de canciones sencillas con pulso soul en 1968. Por cierto, dando la vuelta a la ecuación, desde aquí nuestro humilde aplauso a todos los periféricos que obtuvieron una merecida aunque tardía legitimidad (Abba) y a los que no (porque probablemente no la merecían, como Boney M).