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Paradójicamente, uno de los primeros grupos en recibir años ha la etiqueta “americana” era británico, Grand Drive, formado por dos hermanos australianos –Daniel y Julian Wilson, más el bajista Ed Balch– que crecieron en las afueras de Londres. Julian estuvo un tiempo en Gene mientras Danny pulía sus ideas de autor que sirvieron para empezar a grabar singles y EPs en 1995, recopilados posteriormente en el primer álbum “Road Music” (Loose 1999). Pop, rock y country fundidos en una misma caldera que albergase trazas de The Byrds, The Band, The Jayhawks y Teenage Fanclub: Tell It Like It Is y On A Good Day suenan regias como el más majestuoso chopo de Woodstock.

En su segundo disco “True Love And High Adventure” (Loose 2000) vuelve a contribuir, esta vez mezclando, Pete Hoffman, técnico que a lo largo de su dilatada carrera ha trabajado para músicos diversos (Auteurs, Black Box Recorder, Butterfly Child, Spearmint, Editors, la M.I.A de “Arular”). Con su ayuda se pule un álbum que atrapa tanto por las formas como por el fondo. La entrada de amanecer soleado en ruta con Wheels –los arpegios engarzados sobre armónica y orquesta evocando canciones de Nilsson como Everybody´s Talkin` o I Guess The Lord Must Be In New York City– es una gozada. Voces perfectamente conjuntadas, templadas en su punto, que toman el timón de la pieza con gracejo y ternura hasta conseguir una de las obras más injustamente ignoradas de lo que llevamos de década, desde el título y el diseño gráfico hasta la última nota.

El estancamiento evolutivo del grupo hace que la efervescencia se diluya con los discos “See The Morning In” (Gravity/BMG 2002) y “Grand Drive” (recopilatorio Private 2003), pero el mismo mercado, tal vez necesitado de composiciones honradas, les vuelve a abrir los brazos. El arranque de “The Lights In This Town Are Too Many To Count” (BMG, 2004) con una guitarra más sucia –que no obstante emite resonancias melódicas refulgentes- hace de Love And The Truth su gran baza, por delante de la más fifties Maybe I´m A Winner. Y Lady Of Mine y Santa Rita, rebosando fragilidad, explican de alguna manera las ansias autonómicas de Danny George Wilson ante el férreo equilibrio compartiendo tareas compositoras con Julian. El dilema se resuelve con un disco en solitario del primero, “The Famous Mad Mile” (Fargo 2005), retornando Pete Hoffman a las mezclas y produciendo Simon Alpin (supongo que el mismo Alpin que ha publicado uno de los discos de culto del 2007, “On The Wire”): transparente y a ratos preciosista –el respaldo de Jess Klein, casero tal que la tarta de la abuela en “Somewhere Else Instead”-, como un modesto regalo sonoro de alguien que te quiere decir que te quiere mucho…pero no se atreve.

Grand Drive han vuelto a la carga con “Everyone” (Loose 2007) y con las ideas claras: seis canciones de Danny y seis de Julian, las del primero siempre más refinadas –salvo I´m An Echo– y las del segundo más robustas –salvo On And On– pero siempre con un punto de sensibilidad común –todo un detalle el homenaje gráfico a la vida de los mercados ambulantes- que se complementan a modo de denominación de origen. A estas alturas Grand Drive no se colarán en ninguna lista de tendencias ni creo que lo pretendan, pero seguramente dentro de una década, al revés que muchos de los nombres aparecidos entre lo mejor del 2007, seguirán siendo recordados. El factor humano.