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Había algo en los ingrávidos juegos vocales de los dos primeros discos de Jim James al frente de My Morning Jacket“The Tennessee Fire” y “At Dawn”-, algo sublime y sobrenatural que, a modo de llave maestra capaz de abrir todas las puertas que se resisten en la vida, se apoderaba del mundo y lo hacía pasar por éstas. Un misticismo intangible y fervoroso, similar a algunos pasajes de Low –más obvios en este aspecto- pero más contundente porque no presumía de espiritualidad: era natural e inesperadamente bienvenido.

En su tercer álbum “Pride” (Dead Oceans 07), Phosphorescent –o sea Matthew Houck– trasciende sus influencias y alcanza este clic mágico que algunos buscan –y no encuentran- durante toda su carrera. Sin renunciar a ellas, sin esquivarlas. El comienzo vocal al estilo Animal Collective de “A Picture Of Our Torn Up Praise” es un espejismo que pronto se desvanece ante los sonidos de paz celestial de “The Waves At Night”, fresca como la clorofila y el wasabe, ajena al tiempo como la música de My Morning Jacket. Houck recupera el temblor vocal de Will Oldham en “My Dove, My Lamb”, cuyos nueve minutos transcurren en un suspiro empujados por la armónica, para sentenciar con uno de esos ritmos velocísimos tipo Low en “Cocaine Lights”. Y aunque deslumbren por su currículo algunos acompañantes –Jana Hunter, Ray Raposa de Castanets, Dave Longstreth de Dirty Projectors-, son los más modestos los que me han impresionado al buscarlos en myspace (Liz Durrett, Annie Palmer, Nat Baldwin, Sam Rosen). No hay como residir en Brooklyn después de conocer el sur. Cuando la barba se come a la patilla.