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Superado el impulso de fan, maduradas las letras y asentadas las melodías en mi cabeza, después de veinte años creyendo en el talento de Dan Treacy por encima del bien y del mal, de las catástrofes y las ausencias, creo que puedo decir que Television Personalities aún sigue siendo mi grupo pop favorito. Y el varapalo que tuvimos que sufrir al verle subido al escenario del Cultura Pop no altera en absoluto el poso que en mí ha dejado el grupo. Iniciado el concierto, algunos pensaron que aquello no era más que la prueba de sonido, errática a más no poder. Fueron las impresiones más amables. Las menos complacientes hablaban de dolor o, sencillamente, de puta mierda. Hay quienes incluso lo tomaron como prueba irrefutable para clamar en voz alta que el mito nunca estuvo justificado. Que siempre fueron un grupo de segunda. Dan Treacy nunca estuvo interesado en aportar pruebas para ser admitido en la primera división del pop. Seguro que soñaba con ser una estrella, adulada allá donde pisara, pero nunca se lo trabajó. Si hubiera tenido un mínimo de interés mediático, creo que ni los más malintencionados hubieran encontrado razones para condenarle al ostracismo. Imagino las canciones de Television Personalities en el pellejo de Pete Doherty. Igual estaríamos hablando de Babyshambles como una banda llamada a hacer historia.

No hay discusión: la primera visita a Madrid de Dan Treacy fue un pavoroso descalabro. Si nos ponemos algo cínicos y queremos salvar aquella noche, podemos decir que vivimos una experiencia punk de las de verdad. Lo doloroso es que tuviera que ser el repertorio de Dan Treacy el elegido para quemarse en la hoguera. Sobre el escenario no dio un acorde a derechas, no entonó ni un verso, se mosqueó con los músicos, paraba y volvía a empezar. Un disparate del que me consta que Mr. Dan (como le gusta que le llamen) no fue ni siquiera totalmente consciente. De la manera que tampoco lo es del pequeño mito creado en torno a sus canciones. Quizás estemos ante el último artista romántico (en el sentido más decimonónico del término) en el mundo profesional del pop. Y -por si a alguien se le acaba de pasar por la cabeza- de Pete Doherty hablamos otro día.

Después de su paso por el Cultura Pop muchos ven a Dan Treacy más que acabado, pero eso es algo que llevo oyendo desde los noventa, cuando estuvo varios años en paradero desconocido e incluso se difundió el rumor de su muerte. Cuando nadie daba un duro por él, un buen día se levantó, se lavó la cara como pudo y escribió las canciones de “My Dark Places”, uno de los discos de retorno con más sentido y sensibilidad que recuerdo. Puede que Dan Treacy tenga la cabeza como un queso gruyere, que las copas se las beba de dos en dos, que suplique sin pudor compañía femenina, que sus canciones se difuminen entre sus recuerdos, que no sepa ni dónde está y que su más inmediato futuro no le anime a levantarse todos los días con una sonrisa. Igual sólo así se pueden componer canciones como “If I Could Write Poetry”, “I Want Someone To Share My Life With” o “There Is No Beautiful Way To Say Goodbye”. Y luego ni acordarte de que las has escrito.