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Sant Feliu De Codines es un pueblo modesto de la Catalunya interior, la de las grandes fábricas un día edificadas sobre planicies imposibles aprovechando cualquier llano piadoso de las vaguadas, y hoy abandonadas o, a lo sumo, reconvertidas –como en el presente caso- en centros cívicos donde se arremolinan las inquietudes culturales de los integrantes –de cualquier edad- de la población. Tan cerca en distancia y a la vez tan lejos en manera de vivir de la capital que lo fagocita todo.

Yakuzi han venido desde Vizcaya para una actuación compartiendo cartel con The Forma, colegas de Aiguafreda. Entre los grupos humildes que han de buscar formas alternativas para sobrevivir, se está imponiendo la fórmula del intercambio: tú buscas local y fecha, yo voy a tu zona y tocamos ambos. Después vienes tú a la mía. La taquilla para el que se desplaza.

Abren The Forma con un aquelarre de bajo y batería sobre el que la guitarra de Eduard dibuja acuarelas mucho más dispuestas a encontrar los tonos armónicos que sus dos desaforados compinches. Todo esto ante una parca pero insistente peña de fieles que no ceja en su apoyo.

Cuando Gus y sus tres socios de Yakuzi empiezan, una sorpresa muy agradable me sacude. Son mejores incluso que en disco –el muy recomendable “Hot Balneario” (Sello Autor 2008)-, creando una intensidad inmediata. Juegan con los espacios, con la métrica y los samples, estiran un tema, lo encogen, siempre buscando dar cancha a un lenguaje que pugna por hacerse entender desde un prisma marcadamente instrumental. Y lo que dibujan son paisajes sonoros de su entorno –el del cinturón industrial vasco donde el gris del hormigón y de la climatología pueden ser derrotados por el verdor de la periferia-, que te avisan de las duras condiciones de vida allí –espectacular en muchos tramos la intensidad percusiva- y que al mismo tiempo indican que por nada en el mundo se irían a vivir a otro lado.