¿Qué le pasa a Mark E. Smith? Un mosqueo que dura cuarenta años no merece calificarse como tal. Hace pocos meses una asociación para la defensa de las ardillas le puso una denuncia. Se había cargado un par de ejemplares en el jardín de su casa y lo soltó sin provocación previa en una entrevista que le hicieron con motivo de la publicación de su autobiografía. Justificó tal acción con un escueto: “esos bichos no significan nada para mí”. Desde hace unos días espero impaciente en casa mi ejemplar de “Renegade: The Gospel According To Mark E. Smith”. Quiero conocer los secretos del eterno cabreo. Descubrir de una vez los mecanismos internos del jefe de The Fall, del tirano más lúcido del rock, del impresentable más respetable que se puede ver en un escenario. Me quedo con una de sus declaraciones para ir abriendo boca: “cuando tenía diez años quería ser un viejo de sesenta”. Me lo creo.

Y, como no podía ser de otra manera, este año también tenemos nuestra ración de The Fall. Pero tengan cuidado con “Imperial Wax Solvent”, que esta vez el puño cerrado traspasa la dimensión digital e impacta en plena cara. Recuerdo un desafortunado pie de foto del Ruta 66 hacia finales de los ochenta. Smith era fotografiado en un concierto y al pie rezaba: “Mark E. Smith, cada año más tonto”. En aquel momento pensé que algún día se le haría justicia. No hace falta: ya se la ha tomado él. “Imperial Wax Solvent” desprende suciedad mental y desprecia manos tendidas. Incluso con más rabia que en anteriores entregas. “Alton Towers”, la canción narcótica que lo abre, pone las cartas sobre la mesa: Smith también hace daño sin su martillo pilón. Se le nota más cabrón que nunca. Orgulloso. Soberbio. La juventud le apesta y la mediocridad le altera. En “50 Year Old Man” ya no nos queda duda. “Soy un tío de cincuenta años y me encanta”, grita como puede durante los catorce minutos que dura este ajuste de cuentas. En realidad tiene cincuenta y uno. Ya sólo le quedan nueve para cumplir su deseo.