La música de Brice Randall Bickford II huele a invierno regio. La escuché por primera vez a finales de 2005 cuando recibí de Acuarela una copia de su tercer álbum “You Win”. Recuerdo que me impresionó el latido inicial de “The Rejection Letter”, reposado pero decidido, anclado en un folk sin ataduras, capaz de mutar a un folk rock más aguerrido en la misma canción. La voz de Randy, al principio similar a la de Nick Drake, pronto entraba en los dominios –por su manera de combinar tonalidades graves y agudas con solo cambiar de sílaba- de Mark Kozelek. Acompañada en los pasajes clave por una sección de cuerdas delicada, entraba hasta la cocina de los sentimientos, siempre de manera sutil esquivando parafernalias cargantes, desvelando sus secretos a medida que estira las canciones sin limitaciones previas: al igual que algunas de Red House Painters, se acaban cuando el guión da por terminado el ciclo, y lo normal es que excedan los cinco minutos. Me quedo con las propulsadas por el piano, como “Being Shown Blues”, “The Disappeared”, “Necrophilia” (aquí el piano entra tarde pero lo hace a lo grande) y sobre todo el cierre con la canción “You Win”: el bucle de piano, la melodía eterna, algún gallo a lo Oldham, el escozor y la pureza en un abrazo cómplice, tan bonita que cuesta aceptar que solo dure ocho minutos.

Aunque utilice premisas y músicos similares –Jim Bob Aiken, Neil Allen, Lauren Moskowitz, etc-, “The Latest Rights” (Acuarela, 2008) carece de la inspiración mágica de su predecesor y debe calificarse como –solo- un buen disco. En él se preserva más la ambientación que el guión. Canciones bien arregladas que destacan por la brillantez de sus detalles: esa brisa bossa de los vientos suaves de “Redeployment”, las voces dobladas de “Out On The Maindrag”, algún desliz psicodélico –el final vaporoso del aparentemente comercial “Jonathan”- y, en definitiva, el aire pop de casi todas las composiciones. Pero donde el anterior basaba su tour de force, el final, aquí con “My Show Reflection” se queda a medias (incluso parece buscar repetir la jugada inconscientemente, utilizando palabras de sonoridades paralelas: antes era “critical” y “dedicated”, ahora es “complicated”). A pesar de los peros, repito, un buen disco intimista y serio.

Ah, y felices quince, Jesús.