Pocas explosiones musicales han sido tan maltratadas como la “ruta del bakalao”. En la segunda mitad de los ochenta, Valencia vivió un auge de la cultura de discoteca que logró poner de acuerdo a todas sus tribus urbanas. Seguidores del rock siniestro, de la música industrial y del baile “non stop” se fundieron en una escena hedonista y sin prejuicios. Los protagonistas acabaron llamando a aquello “la fiesta”. Por supuesto, hubo drogas, como en casi todas las celebraciones del mundo, pero aquí se disparó una mayor alarma social porque los medios de comunicación lo enfocaron con un morbo rayando en el sensacionalismo. Lo explica muy bien el periodista Joan M. Oleaque en su ensayo “En èxtasi” (Ara llibres, 2004), por desgracia sólo disponible en catalán. Podemos resumir la situación en una frase: mientras La Movida cosechaba las subvenciones, La Ruta se llevó los palos sociales y policiales. Quizá lo que faltó fue un Tony Wilson (descubridor de Joy Division y Happy Mondays) capaz de vender Valencia como se vendía Manchester.

Ahora que tenemos distancia y perspectiva llega “72 horas: la Ruta a Valencia”: Se trata doble compacto con clásicos de la época y un documental de propina . Se echa en falta un libreto que nos ponga en situación. Las veintiocho canciones seleccionadas dan una idea del eclecticismo de aquel cocido. El lirismo de Anne Clark y la abrasión de Front 242 conviven sin chirriar. El nivel de calidad es irregular. Resultan cutres ritmillos como el “Curiosity” de Price 2 Pounds o el “Yerba de diablo” de Datura. En cambio “Dead eyes opened” de Severed Heads conserva todavía su frescura tecno-pop (qué raro que no la escogieran como sintonía de alguna vuelta ciclista). Lo más gracioso es ese subgénero tan bakaladero que son los himnos “me vuelvo loco”. Un buen ejemplo es el “Don´t look at me” (Blind Vision): cuando acaben de escucharla se pueden sentir “rayados” sin necesidad de ingerir “pastis” pasadas de fecha. El “We need freedom” de Antico, puesta a volumen máximo, todavía suena capaz de tumbar las murallas de Jericó. Pero más potente aún es la remezcla de “Lighting Man” (Nitzer Ebb) enriquecida con picatostes funk y frases de “Bring the noise” (Public Enemy). “Let the music take control” de Whit It Guys se decanta por un fragmento del “New Year`s Day” (U2). Por supuesto, la mejor canción del lote es “Así me gusta a mí”, bombazo que convirtió a nuestro Chimo Bayo en efímera estrella internacional. Hace pocos años lo belgas 2Many DJs se quedaron boquiabiertos al ver el efecto que tenía en una pista y decidieron comprar el maxi. El único homenaje que no se merecía este temazo es el reciente anuncio de televisión que cometió el sacrilegio de cambiarle la letra para vender atún.

No esperen demasiado del documental adjunto. Contiene una anécdota graciosa: alguien afirma que Pedro Almóvodar y su troupe visitaron “La ruta” y Antonio Banderas se quedó tres días, perdiéndose un rodaje. El problema de esta cinta es que sólo habla un DJ y ningún “bakala” de infantería. El protagonismo es de los empresarios de la noche y de estrellas rockeras que lo vivieron como paracaidistas de lujo. Mejor tirar del famoso reportaje de Canal + de 1993 titulado “Hasta que el cuerpo aguante”.

Texto originalmente aparecido en “Público”