Hace tiempo que quiero hablar de Elbow. Creo que necesitan una reivindicación formal, aunque temo que los allegados a mi entorno –la plana mayor de Rockdelux siempre ha sido alérgica a los sonidos ampulosos, y mi percepción respecto a los asiduos a este blog sería similar en el presente caso- no lo verán de la misma manera. El caso es que, contra vientos modernos y mareas de tendencias, un buen día despierto con la necesidad de reafirmarme y proclamar a grito pelado mis respetos hacia Elbow. Sin excusas. Sin vergüenza. Con dos cojones.

Leía el otro día a Guy Harvey en Mojo –bajo una foto entrañable de su abuelo- y, cuando dice que su vida cambió escuchando “The Colour Of Spring” de Talk Talk, las piezas empiezan a encajar. También les encajan a sus detractores cuando reconoce compartir aficiones –observar pájaros en la isla de Mull – con Jim Goodwin de Doves. Cierto. Elbow pertenecen a la secta de quienes practican el arte del difícil equilibrismo entre la actitud y la épica. Música de una seriedad a menudo desproporcionada y a la vez muy preocupada por no rebasar los límites de la opulencia sonora; robusta y viril pero también afectiva. Me impresionó, cuando les ví en un Primavera Sound prehistórico –en el Pueblo Español-, desplegando su masa de sonido hercúlea y a la vez porosa en sentimiento; no en vano incluso Coldplay han reconocido haberse apropiado de los teclados regios y los arreglos corales de “Grace Under Pressure” para decorar “Fix You”. El rock sinfónico no murió con EL&P, Yes o Caravan, tan solo mutó a través de tiempos duros –Kansas– hasta llegar –pasando por Godspeed You! Black Emperor y Sigur Rós– hasta Elbow. Lo cual para mí –y para el NME, vista su infinita devoción por la banda-, en este caso concreto es más bueno que malo.Su último álbum “The Seldom Seen Kid” (Polydor 2008), menos rimbombante, es otro paso hacia el utópico destino de la madurez. Empieza “Starlings” mezclando pálpitos y sobresaltos. Cuando la canción reposa en su percutir suave, los detalles deslumbran: el piano compasivo tras la frase `I´m stubborn, selfish and too old´ , o la subida arrebatadora al pronunciar `the violence explode inside me when I meet your eyes´. Las canciones siguientes –“The Bones Of You”, “Mirrorball”, la perfecta “Weather To Fly”- muestran el pulso real de la grabación, húmedo, verde y británico, con el seseo vocal de Guy evocando –esto ya no es rock sinfónico sino palabras mayores- al Michael Head del fabuloso “Waterpistol” de Shack. A veces, como maniobra de distracción, Elbow prueban con algún corte en clave de humor –o más ágil- pero no siempre resuelven bien –la voz en “Grounds Of Divorce” recuerda a Peter Gabriel– y rápidamente se retorna al modelo íntimo.

El último tercio del disco raya a una altura estelar. “The Fix” podría estar compuesta por Leonard Cohen en Francia. La orquestación de “One Day Like This” confirma que, trabajando esta melodía, hay gente enamorada. “Friend Of Ours” pisa despacio entre Talk Talk y The Blue Nile. Y el bonus “We´re Away”, corto, lento y con escobillas, es de aquéllos para seguir bailando amarrado en el bar, una vez cerrado, mientras amanece y el mozo de limpieza se esmera con la fregona. Elbow, el clima perfecto para volar.