Conocí a Remigi Palmero en una celebración de la revista Rockdelux. Me lo presentó un compañero de profesión, Eduardo Guillot. Sabía lo mucho que me gustaba su primer disco y me llevó hasta el sofá que ocupaba el músico, un tanto aburrido al lado de los corrillos cerrados en torno a artistones de relumbrón. Estuvimos hablando unos diez minutos. Palmero se mostró sorprendidísimo, ya no de que me encantara su “Humitat relativa”, sino sólo del hecho de que lo conociera. “Cuando se habla de Valencia suelen mencionar el mítico disco de Pep Laguarda con Tapineria o los del Bustamante”, me comentó asumiendo con naturalidad su rol en un supuesto triunvirato valenciano. También me confirmó que los masters de aquel primer disco – acreditado a Remigi Palmero i Bon Matí y publicado en 1979 – llevaban mucho tiempo en paradero desconocido (posiblemente ya triturados en un vertedero) y por lo tanto no era posible una reedición. A menos, un rescate de fuentes sonoras fiables. Una pena. Se me antoja éste el único motivo de que “Humitat relativa” no suela aparecer en las listas de mejores discos nacionales de todos los tiempos.

¿Cómo llegué a este disco? Pues no me acuerdo. No me viene a la cabeza qué anzuelo debí picar para que a día de hoy éste sea el único CDR que guardo con orgullo en mi colección de discos. Lo que sí tengo bien presente es la primera impresión que tuve al escuchar “Radio Alger”, una canción con aires mediterráneos tocada con alma urbana. Palmero me convenció con las mismas artes que Sisa había utilizado en su “Qualsevol nit pot surtir el sol”. Hablaban de realidades que yo no había vivido – ni en tiempo ni en espacio geográfico – pero sentí casi míos aquellos recuerdos de su autor. Supongo que algo tendría que ver la voz de Palmero: orgullosa, emocionada, convincente, bohemia, eufórica. Hablaba de Valencia, desde Valencia y, posiblemente, para Valencia; pero el alcance de la canción se me antojaba casi universal. Aún hoy, a “Radio Alger” le guardo un cariño especial, sólo equiparable a mis admiradas Vainica Doble o a los discos míticos de Jaume Sisa.

“Humitat relativa” no es el típico disco mediterráneo tostado por su brisa. En su estreno, Remigi Palmero se empapó con el ímpetu del principiante de todo lo que pasaba por sus oídos, por sus ojos y su nariz. Aquí estaba “Deixeu-me sol”, una canción que huele a zoco árabe. O “L’olor a garrofa”, que late al ritmo de una gran ciudad. Y la gran “Angelets”, una miniatura que surge en plena noche como un pequeño himno de la derrota más dulce. Aunque algo irregular, “Humitat relativa” busca el equilibrio entre lo mediterráneo y lo urbano, lo marítimo y lo nocturno. Pasados casi treinta años de su publicación, hay algo que me chirría en tan encantadora obra: los devaneos jazz-rock de “El carrer de la lluna” y “Temps de pluja a la ciutat” documentan el final de una época (la de los setenta), pero no le hacen justicia al talento fresco y natural de su autor. Mucho más saludable se muestra Palmero cuando invoca la psicodelia mediterránea en la magnífica “D’Anna”. Una canción que junto a “Radio Alger” y “Angelets” forma un trío inmortal injustamente olvidado. Si no se obra el milagro y aparecen los masters originales, tendremos que entender aquel verso de Remigi Palmero (“somos ángeles perdidos, condenados a volar siempre”) como el más fiel de sus autorretratos.