Cualquier oferta musical innovadora, si contiene un calado profundo, con el tiempo es fagocitada por el mercado y reciclada en derivados mil. Es lo primero que se me ocurre –M.I.A– cuando escucho “Santogold” (XX 2008) de Santogold. Y no debería ser así. Santi White, la persona escondida tras el logo magnético –oro, divinidad- tiene un currículo envidiable en el mundillo que no hace necesaria una subida al carro de las tendencias para sobrevivir: cazatalentos en Epic, ha compuesto para Lily Allen, liderado Stiffed (grupo ska) y hecho de MC para Spank Rock. Rematando, su movilidad en el entorno le ha proporcionado los contactos necesarios –FreQ Nasty, Mark Ronson, Diplo, Timbaland– para pulir un álbum de megaestrellas que no puede fallar. Sin embargo, comparada su música a la de M.I.A. –comparten productor, Switch, en el tema “Creator”, además de los dos últimos antes mencionados-, carece de la chispa imprevisible en las bases. Es parecida pero cabalga sobre seguro. ¿Mal asunto? No del todo. A pesar de que pudieran establecerse comparaciones con otros modelos pretéritos –un debate interesante: ¿no cumplían su función Morcheeba acercando al público a Massive Attack o Portishead, aún sonando descaradamente a sucedáneo descafeinado? ¿Y Faithless? ¿Y Grace Jones 25 años antes respecto al reggae?-, cuenta con un arma secreta letal aparte de sus firmes raíces dub: el olfato pop. Cuatro canciones por encima del bien y del mal, con estribillos inolvidables, se yerguen majestuosas –sobretodo “Say Aha” con su onomatopeya irresistible, aunque no le van a la zaga “L.E.S. Artistes”, “Lights Out” y su tonadilla, o “I´m A Lady”: eficaz como Blondie– para refrescar un álbum que se está revelando como una pieza esencial para disfrutar del verano 08.