No sé muy bien si se trata de falta de ambición, mala suerte o desinterés por la industria, pero el australiano Richard Davies no suele aparecer en las citas de artistas consagrados ni en las influencias de otros más jóvenes que buscan llegar a la cima del mundo desde la acústica de su alcoba. Las últimas noticias de Davies nos llegaron con “Barbarians”, su disco del 2000. Desde entonces, sólo rumores. En 2004 alguna página web anunciaba su inminente nuevo disco. Nada de nada. Más fundadas parecían las noticias que nos llegaban hace un año. Decían que a “Tonight`s Music” ya sólo le faltaba pasar por el trámite de la masterización y que en el otoño de 2007 estaría en la calle. Otras aseguraban que Davies lo tenía compuesto desde hacía ya tiempo, pero que se había quedado sin contrato discográfico y apenas disponía de medios económicos para meterse en un estudio de grabación. Incluso un fan afirmaba desde un foro que le había mandado dinero para que esto no fuera un obstáculo. Seguiremos esperando. Mientras, repaso algunas de las razones por las que justifico mi espera:

1) Feliz fue el día en que se encontró con el californiano Eric Matthews. Juntos se inventaron un proyecto de corta vida que, sin embargo, dejó uno de los mejores discos pop de los noventa. La prensa internacional etiquetó a Cardinal de pop barroco (como a los Mercury Rev post “Deserters Songs” o a los Flaming Lips de “The Soft Bulletin”), pero nunca la encontré demasiado ajustada a la sensación gaseosa e íntima que desprendían aquellas canciones. Davies y Matthews pusieron pianos, trompetas, tubas y órganos al servicio del pop. Mientras otros grupos engordan su sonido con capas y capas de instrumentos de orquesta, Cardinal le dieron el mismo protagonismo a la guitarra que a la trompeta, al piano que a la voz, creando un pop íntimo pintado con una paleta instrumental riquísima. El pop barroco tiene una connotación abigarrada, exagerada. Nada que ver con aquella maravilla firmada por Cardinal en 1994.

2) ¿A qué suena exactamente el disco de Cardinal? Déjenme que les señale dos canciones: “You Lost Me There” y “Angel Darling”. Veo al David Bowie de “Hunky Dory”; desatando los corsés del pop sin perder de vista la elegancia. Y también a Love, y a los Beach Boys de “Surf`s Up”. Yo le restaría algunos grados de afectación a la voz de Eric Matthews. Funciona en el conjunto, pero si la aislamos empalaga.

3) “Cardinal” se convirtió en un pequeño disco de culto que con el tiempo ha ido ganando adeptos. Pero su estilizada sombra ha ido tapando lo que para mí es el gran disco parido por Richard Davies: “There Is Never Been A Crowd Like This”. Su estreno en solitario, de 1996. Lo veo como un versión simplificada de Cardinal con dos matices muy valiosos: la aportación psicodélica (rescatada por Davies de su primer grupo, The Moles) y la ausencia de esa abultada afectación que tanto le gustaba a Matthews. Dos canciones que no se olvidan: “Sign Up Maybe For Being” y “Why Not Bomb The Movies”, con esa habilidad de Davies para componer estructuras laberínticas con final pop.

4) A estas alturas habrán advertido la poca simpatía que actualmente le tengo a Eric Matthews. Me molesta que, disco tras disco (ya lleva cinco), termine convertido en un Stuart Staples cuando podía haber apuntado hacia Brian Wilson. Que se establezca como meta diseñar el mejor decorado de Hollywood, cuando podría estar compitiendo por el premio a mejor compositor pop. Pensemos en positivo: “My Morning Parade” (de su segundo disco) es una magnífica canción en la onda de las mejores de Cardinal. Pero sus últimos trabajos parecen un catálogo de arreglos.

5) Volviendo a Richard Davies, me decepcionó algo con “Telegraph” (1998) y le volví a coger la sintonía en “Barbarians”, sus particulares reflexiones sobre unos Estados Unidos que le habían adoptado algunos años atrás. Aún estaba lejos de aquel primer disco, pero canciones como “Stars” y “Formulas” le devolvían un aire a lo Syd Barrett que nunca debió perder. Ya desarrolló esa singular manera de hacer pop en sus discos con The Moles, cuando aún soñaba desde Australia con triunfar en la otra punta del mundo. “Untune The Sky” (1991) está escrito con caligrafía juvenil (“Bury Me Happy” parece sacada de la C86), mientras que en “Instinct” (1994), nada previsible y algo arisco, al bueno de Davies ya se le notaban las ganas de ser diferente.