Aunque devoto convencido del humor como herramienta indispensable para sobrellevar el día a día, no soy partidario de adular sistemáticamente  cualquier apareamiento de subculturas periféricas con el rock. Este caso sin embargo, por muchas razones –entre ellas una mayor predisposición inherente al verano a devorar intrascendencia -, es distinto. Flight Of The Conchords es un dúo neozelandés –formado por Bret McKenzie y Jermaine Clement– enraizado en la comedia, que utiliza sus aptitudes musicales sobre los escenarios a través de un show acústico donde básicamente se mofa de estilos y artistas, parodiando los clichés que les han hecho populares. No los he visto en directo pero en youtube me puedo hacer una idea de lo que pretenden comunicar. Hasta aquí todo normal

Lo ya no tan convencional es agarrar estas miniaturas de parodia, dotarles de una producción seria a cargo de Mickey Petralia (Butthole Surfers, Beck, Eels, Annuals) y obtener un tercer álbum mainstream de lo más divertido, capaz de confirmar la apuesta por ellos de Sub Pop en el álbum anterior “The Distant Future” (Sub Pop 2007). Con la primera canción de “Flight Of The Conchords” (Sub Pop 2008), “Foux Du Fafa”, te partes ante su crítica genial de la amanerada fonética francesa –como los films de Jacques Tati pero mordiendo- y de su sobado apego –atención Stereolab– por la bossa. No menos hilarante es su imitación del rap existencialista primigenio de “West End Girls” de Pet Shop Boys intentando dar trascendencia hasta a la frase más inocua ( `counting coins on the counter of the seven-eleven/ from quarter past six to quarter to seven/ the manager, Bevin, starts to abuse me/ hey man I just want some muesli´), o “Bowie”, dedicada a sintetizar a lo bestia la carrera del británico (si se escucha “Space Oddity” mientras se contemplan las abundantes fotos de la época con el pecho desnudo del artista, entenderemos la frase `Bowie, do you use your pointy nipples as telescopic antennae transmitting data back to earth?´).

El grueso del álbum sin embargo se destina sobretodo a torpedear los tópicos que rodean a la música de color, desde el hip hop (genial el título “Hiphopopotamus vs. Rhymenoceros”), la protesta racial (Marvin Gaye, Curtis Mayfield) o el sexismo de lencería barata (Marvin Gaye otra vez, Barry White, Prince). Lo dicho, unas risas con decorado de lujo.