El ego de Kanye West va camino de hacerse más grande que el propio Kanye West. Cómicos estadounidenses como Chris Rock ya utilizan su desmesura como recurso cómico en sus monólogos (“¿Cómo que no he ganado el concurso de Miss America? ¿Qué? ¡¡¡Si soy americano!!!”). Sin embargo, a veces esa megalomanía tiene resultados positivos y, a diferencia de muchas otras de las estrellas del hip hop actual, West no se queda sólo en un egotrip de barrio. Él, además de decir que es el mejor, tiene que demostrarlo. Su última boutade llevaba por nombre “Glow In The Dark” una gira en la que West proponía una puesta en escena nunca vista. Tras presenciar la penúltima fecha del tour, segunda consecutiva en el Madison Square Garden de Nueva York, hay que reconocer que su opera-rap futurista, con ecos de “2001”, “Dune” y “La Odisea”, funciona. A veces incluso muy bien. Estos son unos cuantos apuntes sobre su directo del 6 de agosto.

Dime quién va a verte y te diré quién eres. Entre el publico predominaban los adolescentes, y entre ellos ganaba el sector femenino. También había familias enteras de 4 ó 5 miembros, bien aprovisionados de comida y bebida. Curiosísimo verles corear el estribillo del “Everyone Nose” de los pesados de NERD, el primero de los dos teloneros de la noche (la letra habla de esnifar cocaína en el baño).

El que pega primero pega dos veces. Tras el digno set de Lupe Fiasco, comienza el montaje de un escenario al estilo de una película de ciencia ficción de serie b. Parece difícil que de ahí salga algo creíble. Además de otras dos de distintos tamaños al fondo, hay una pantalla de leds en el suelo, que se cubre pronto con una lona. Comienza a sonar “Stronger”, se descubre la pantalla iluminada y Kanye sobre ella, tumbado como un naufrago en una playa, preparado para empezar con “Good Morning”. ¿De dónde ha salido? Primer golpe de efecto de la noche.

Space is the place. Todo el espectáculo transcurre en lo que parece un planeta al que Kanye ha llegado tras una avería en su nave espacial, personificada en una pantalla en la que se proyecta una imagen más que inspirada en HAL 9002 de “2001, Una Odisea en el espacio”. Eso sí, en versión mucho menos perversa y con voz femenina. A partir de ahí, hay breves interludios entre algunos temas que sirven de hilo conductor a la historia y están relacionados con el tema al que preceden, seguramente el aspecto mas flojo de todo el show. Abandonado a su suerte en un planeta desconocido, a un Kanye vestido de cosmonauta fashion le atacan monstruos tipo Godzilla (“Champion”), le visitan una suerte de sirenas que tratan de embelesarlo (“Cant’ Tell Me Nothing”), intenta arreglar su nave (“Spaceship”) que finalmente no funciona (“All Falls Down”), lo que le lleva a la desesperación, mientras echa de menos a su Penélope (“Gold Digger”). Pero a partir de “Don’t Stop Believing” (versión de… ¡¡Journey!!) se viene arriba (“Stronger”), consigue reparar la avería como por arte de magia y emprende el camino a casa (“Homecoming”). Acaba con “Touch The Sky”, ya sin su vestimenta espacial, y en compañía de Lupe Fiasco.

Sound and vision. Durante casi dos horas apenas aburre, pese a que en el escenario Kanye está completamente solo, mientras que la banda toca en el foso, como si de una opera se tratase. Con ligeros cambios de iluminación, y con las tres pantallas cambiando de posición, consigue un espectáculo ágil, sin cansar demasiado en los interludios y, como en el “Touch The Sky Tour”, con un ritmo vertiginoso. No hay parones para dirigirse al publico, y enlaza lo mejor de sus tres discos con momentos realmente abrumadores, como en la secuencia “Heard ‘em say” – “Through The Wire” – “Champion” – “Get ‘em High” – “Diamonds From Sierra Leone”. Un consejo: no hay que fiarse de los videos que se puedan ver en YouTube; apenas captan la fuerza visual del montaje.

Harder, Better, Faster, Stronger. Siempre había pensado que Kanye West era mejor productor que MC. Ese flow estirado siempre acababa por cansarme, pero incluso en eso parece haber mejorado. Pletórico de fuerzas, aguanta sin bajones un ritmo infernal, y parece mucho más sólido con el micro. En esos momentos, sin parar de moverse sobre un escenario en el que es el único centro de atención, es cuando mas recuerda una estrella pop como Madonna o Kylie. Sólo le faltan las coreografías y las bailarinas.

Pero sigo siendo el rey. Kanye puede ser el príncipe, pero al menos en Nueva York el trono nadie se lo arrebata a Jay-Z. Salio al final, y de forma más testimonial que otra cosa, pero el público se llevaba (literalmente) las manos a la cabeza. Tras soltar un par de líneas, se cruzo de brazos mientras decía “sísísísísísísí” con la cabeza y se fue por donde había venido. Extraño fin de concierto.

¿Y ahora, qué? West ha finalizado la que es, de momento, su gira más ambiciosa. Ha estado a punto de salirle el tiro por la culata. En el festival Bonnaroo le llovió de todo por el retraso con el que salio a actuar. Lo hizo mientras ya amanecía, con lo cual lo de “brillar en la oscuridad” parecía mas bien una broma pesada. Curioso: ese día aparecieron pintadas que decían “Jay-Z habría actuado a tiempo”. Antes, Rihanna, desapareció del cartel sin explicación alguna, y poco antes de comenzar la gira, falleció la madre de Kanye. Pese a todo, ha salido con la cabeza alta. Pero su ego, seguro, le llevara a intentar el más difícil todavía.