La siguiente conversación tuvo lugar una mañana de invierno de 1985. O puede que fuera una tarde de verano de 1986, no más. Lo que podemos asegurar sin temor a equivocarnos es que la ciudad donde tuvo lugar la charla fue Nueva York. La escena se desarrolla entre una directora de programas culturales de televisión (A) con ánimo de establecer contactos en Manhattan y el dueño de una galería de arte (B). El motivo de la reunión es el artista ‘X’.

A: Como te comenté por teléfono, voy a llevar a cabo una serie de especiales sobre artistas para la televisión española y estoy muy interesada en ‘X’, que está exponiendo actualmente en tu galería. Me interesaría, si es posible, que me concertaras una cita con él para explicarle mi proyecto. Si conseguimos ponernos de acuerdo y se presta a que le grabe, se trataría de venir a Nueva York con mi equipo de técnicos, rodar una entrevista, filmarle en su trabajo y, en definitiva, elaborar un reportaje completísimo. Como verás por la nota de prensa que te dejo tengo bastante experiencia en televisión. Échale un ojo.

B: Ya veo. Has hecho dos programas sobre arte y uno sobre música… ¿con actuaciones en directo?

A: Sí, en directo. Esta es la lista de los artistas que pasaron por el programa.

B: Lou Reed, John Cale, The Residents, Tom Verlaine, Culture Club, The Smiths, Psychedelic Furs, Marc Almond, Dream Syndicate, Aztec Camera, Echo & The Bunnymen, Tuxedomoon, Spandau Ballet, Bauhaus, Alan Vega, Johnny Thunders, Violent Femmes… No entiendo… ¡Ah, sí! Esto son video-clips, ¿no?

A: No, no. Como ves, aquí pone: “Actuaciones en directo con sonido directo”.

B: Ah! Entonces grababas los conciertos de los grupos y los emitías en tu programa.

A: No, perdona, pero creo que no me estás entendiendo. Yo traía a los grupos a mi plató y allí tocaban en directo; luego les hacía una entrevista en los descansos de las actuaciones, que igualmente se emitía en directo. Todo se desarrollaba en un plató lleno de gente y donde se mezclaban los pintores, los músicos y el público en general.

B: No conozco ningún programa así y trato asiduamente con todas las televisiones americanas y europeas. Mándame un programa piloto de lo que quieres montar y una vez que vea el formato, hablamos. ¿De acuerdo?

“Llegué a pensar que mi programa nunca había existido”, me contaba hace unos años nuestro personaje A. Muchos la habrán descubierto. Era Paloma Chamorro, directora y presentadora de La Edad de Oro, el mítico programa de TVE. Paloma me contó esta anécdota y muchas más durante varios meses que estuve acudiendo a su domicilio con la intención de sacar toda la información posible para publicar el libro del programa. Era 2001. Me animé a ello al comprobar cómo la gente conocía el programa y hablaba de él, pero los datos que aportaban eran confusos o, simplemente, no eran reales. Las historias se transmitían como las leyendas, con más euforia que rigor. Parecía necesario rescatar a Paloma de su retiro profesional. Y a La Edad de Oro del mundo de los mitos para traerlo al de los vivos. Aunque llevaba mucho tiempo sin dar entrevistas, ni ganas que tenía, enseguida conectamos y accedió a colaborar. Eso sí, a su ritmo. Fue un año de intenso trabajo. Recogiendo opiniones y datos, viviendo en hemerotecas. Y luego vino la redacción del texto. Cuando apenas quedaban dos o tres semanas de trabajo me enfrié. Abandoné la misión. ¿Los motivos? De todo tipo, algunos confesables y otros no. El caso es que allí se quedó el trabajo, encerrado en un archivo de Word acumulando polvo virtual. Hasta hace unas semanas, que me decidí a rescatarlo. ¿Las razones? Dos. Poco antes del verano coincidí en una fiesta con alguien muy cercano a Paloma, quien me hizo ver lo importante que podía ser que ese libro saliera publicado en este momento. Paloma estaba más que molesta con la editora del DVD del programa; no habían contado con ella para su publicación. Estaría bien que fuera ella quien nos contara el cuento, me insistió. Porque fue ella quien lo escribió. Y me convenció. Sólo había un obstáculo que salvar. El texto original tenía unos cinco o seis años y habría que revisar el estilo. Una tarea que no me apetecía en absoluto realizar. Hasta que encontré la solución: publicar aquellas entrevistas sin editar y ordenadas en capítulos (los mismos que tenía diseñados para el libro) en Música en la Mochila. Perfecto. Ya estaba decidido, aunque volvió a plantearse un pequeño escollo. Después de la labor de depuración de los capítulos, estos seguían siendo bastante largos para un post. Al final, charlando con otros integrantes del blog, encontramos una solución. Cada semana postearíamos un capítulo troceado en tres partes, que colgaremos los viernes, sábados y domingos. Como así será. Arrancamos el viernes 19.