La siguiente entrevista con Paloma Chamorro tuvo lugar el 22 de noviembre de 2001.

El 17 de mayo de 1983 se emite el primer programa de La Edad de Oro. Estaría bien que hicieras una presentación de tus intenciones. Y que explicaras un poco las circunstancias con las que arranca.
“Tengo que decir que llegó con dos años de retraso. Lo habíamos diseñado para haber empezado en 1981 con un nombre distinto pero con similares connotaciones: Arte Moderno. Pero bien pronto las intenciones se truncaron. En la Dirección General de Televisión se produce un cambio relevante por el que Robles Piquer, cuñado de Manuel Fraga Iribarne, es nombrado Director General. Automáticamente congela el programa, en espera de las elecciones generales que tendrían lugar al año siguiente. Entonces gobernaba UCD”

¿Cómo lo encajaste?
“No me preocupé en absoluto porque confiaba en la victoria de los socialistas. Había mucha gente interesada en que sacara adelante el programa que ya tenía preparado y sabía que sólo se llevaría a cabo con una dirección socialista.”

¿Qué buscabas con el programa?
“Tenía dos motivaciones principales. Reflejar lo que estaba ocurriendo musical y artísticamente alrededor mío y, sobre todo, hacer un programa de música con sonido directo. Esta última era mi máxima ambición porque recuerdo que por entonces existía un programa que se llamaba Aplauso, al cual llevaron a Roxy Music y a Ramones a hacer playback. Y no sabes lo que suponía para mí ver a los Ramones en un plató de televisión mover la boca sin cantar. Era lamentable. Creo que fue a partir de aquella desagradable visión cuando me planteé la pregunta: ¿por qué no puedo verles yo en televisión cantando de verdad, aunque sólo sea un poquito?”

Retrocedamos hasta tus primeras experiencias en televisión.
“Yo entré de la mano de Ramón Gómez Redondo, quien en 1971 dirigía y realizaba un programa llamado ‘Galería’, que se ocupaba durante media hora a la semana de tocar temas relacionados principalmente con las artes plásticas. Aún no había terminado la carrera de Filosofía y Letras; apenas tenía veinte años. Actuaba en un grupo de teatro y unos amigos comunes persuadieron a Ramón para que me llevara a su programa. Después de hacerme una prueba me contrató como presentadora de ‘Galería’: tres mil pesetas por una tarde semanal de trabajo. Después llegaría un cambio en la dirección y me relegaron a entrevistadora. Poco antes de la muerte de Franco el programa se lo dieron a José Luis Cuerda, quien lo llamó ‘Cultura 2’. Entonces, Cuerda tenía suficiente experiencia en televisión como realizador de reportajes y documentales para los servicios informativos del ente.”

¿Compaginaba entonces su trabajo en televisión con el de director de cine?
“Creo que fue después de dejar ‘Cultura 2’ cuando se dedicó al cine”.

Con la muerte de Franco supongo que la cosa cambió.
“Incluso antes ya se empezaban a oír rumores sobre los nombres que iban a dirigir el primer programa cultural que vería la democracia. Recuerdo que apareció en escena un franquista de pro que cobraba del Ministerio de Trabajo y de TVE a la vez, curiosamente sin tener un lugar de trabajo en ninguno de los dos organismos, reclamando su programa cultural. Es un dato contrastado porque en aquella época en la que en España la pluralidad empezaba a dejar de ser una utopía salieron a la opinión pública bastantes casos de señores que veían cobrando desde hacía años del ente público sin trabajar ni tener un despacho. Resulta que este señor contrató a varios de los colaboradores de ‘Cultura 2’.”

¿Tú incluida?
“Efectivamente, pero con un contrato especialmente humillante. Como mi nombre había sonado por méritos propios como posible directora del espacio que ahora era suyo, me ofreció el puesto de secretaria de coordinación, cuando no había coordinador. Y cobrando 3.000 pesetas semanales de sueldo. Me vi tentada de rechazarlo, aunque realmente lo necesitaba para vivir. Además, Ramón Gómez Redondo me aconsejó que lo cogiera porque según él, y como luego se vio, yo era la única que sabía hacer un poco de televisión allí.”

¿Aprendiste algo de aquella experiencia?
“Sobre todo, a superar las humillaciones. Debo decir que me ascendieron rápidamente y al cabo de un año, en 1977, ya me encontraba dirigiendo mi propio programa.”

Te refieres a “Trazos”, ¿no?
“Sí, y nuevamente se lo debo a Gómez Redondo. Entonces él estaba preparando para televisión un biopic del escritor decimonónico Mariano José de Larra. La serie estaba programada para emitirse en tres o cuatro capítulos y en el impasse provocado por el retraso en el rodaje se ofreció para retratar nuevamente las fluctuaciones de las artes plásticas en un nuevo programa llamado ‘Trazos’. Me llamó y me dijo que me quería allí como directora adjunta y presentadora.”

Tenía entendido que fuiste la máxima responsable del programa.
“Eso ocurrió a las cuatro semanas de su primera emisión. Gómez Redondo tuvo que claudicar, presionado por sus otros quehaceres profesionales, y me lo confió a mí.”

¿Cómo fue lo de “Trazos”?
“Me quedé sola en aquel proyecto. Con el tiempo me di cuenta que quizás ésta fue la única salida que tenía yo para dirigir programas en aquella época, pues en los comités que se formaron en el inmediato post-franquismo nunca hubieran admitido que una chica, y además roja, dirigiera un programa de televisión.”

Un programa en el que ya te planteabas romper formalmente con lo que había detrás.
“En primer lugar, tomé la decisión de emitir en blanco y negro, cuando la mayoría de los realizadores se estaban pasando al color. Quería que el programa fuese una simple referencia, porque la pintura no puede darse por televisión; y darla en color para mí suponía en cierto modo falsear el original.”

¿Alguna anécdota que merezca ser recordada?
“Sobre todo, la gente se acuerda de mi entrevista a un personaje tan esquivo como Joan Miró. Aquello marcó un pequeño hito en la nueva televisión española, aunque tres semanas después a ‘Trazos’ le daban la extremaunción desde las altas instancias. La explicación que me dieron es que mis reportajes estaban llenos de maricones y drogadictos. No se en que categoría de las dos metían a Miró.”