Siempre se asoció La Edad de Oro con la nueva ola madrileña, esa escena sin centro de gravedad permanente que surgió con Kaka de Luxe y en la que se bautizaron grupos como Parálisis Permanente, Las Chinas, Décima Víctima, Alaska y los Pegamoides, Derribos Arias, Radio Futura o Gabinete Caligari, por citar sólo un puñado. Paloma Chamorro nunca ha ocultado sus deseos de retratar con su programa lo que en aquellos momentos estaba ocurriendo en la capital, el feliz y espontáneo encuentro entre la música y las artes plásticas. Lo de la “movida madrileña” vendría poco después; fue el reclamo necesario que atrajo como un imán a divulgadores con ansias protagonistas, discográficas con ganas de hacer su agosto y ociosos sin más. A unos les hablan de la movida y se acuerdan de aquella publicación posmoderna que fue La Luna de Madrid (dirigida por Borja Casani) e incluso del Gran Wyoming o de Luis Antonio de Villena. Los más despistados mencionarán a Mecano. Los artistas que citábamos al principio se agarraron a un categórico “nosotros fuimos los primeros” ante la amenaza mediática de ciertos personajes, más cercanos a la divulgación que a la creatividad, que aprovecharon la expansión de la nueva ola para entrar en escena. Ahora me viene a la cabeza la respuesta que se inventó Fabio McNamara cuando un día le obligaron a definir la movida. “Por ‘movida’ se entiende gente rara, ¿no?; no los que van a mirar”, respondió. El siguiente extracto de la charla con Paloma Chamorro tuvo lugar en su domicilio madrileño en el mes de diciembre de 2001.

A pesar de contar con un sinfín de colaboradores en sus cincuenta y seis emisiones, La Edad de Oro nunca le dio cancha a gente como Borja Casani o Juan Carlos de Laiglesia, que aquel mismo año de 1983 iniciaban su aventura cultural con La Luna de Madrid. ¿No les considerabas parte de aquello que estaba sucediendo en Madrid?
“Puede que fueran protagonistas de la movida, pero a toro pasado. Parece que tuvieran cierta intención de erigirse en cabeza teórica de todo aquello, como lo que había intentado en los años 1980-81 la gente alrededor de la revista Dezine, aquellos chicos como José Mari Marco y compañía, que luego han acabado en la derecha política. Estos chicos estaban siempre por allí, escribían en Dezine, iban mucho por El Sol, antes incluso que los de La Luna de Madrid. Tenían varios apodos y su discurso era muy moderno y bastante teórico, muy próximo al situacionismo. Pretendían organizar una ideología en una escena donde no la había. Yo creo que su intención se enfrentaba bastante al verdadero espíritu de la nueva ola madrileña. Sin embargo, La Edad de Oro pretendía simplemente recoger lo que había.”

¿Y qué había?
“En Madrid, a partir de la segunda mitad de los setenta, las inauguraciones de las exposiciones de arte estaban llenas de músicos y los conciertos llenos de pintores. Las niñas se hacían modelos con las cortinas de su mamá y presumían de leer, que era algo que no había hecho nunca un rockero o un moderno. Todo esto es precisamente lo que yo quería reflejar en La Edad de Oro.”