Sábado por la tarde en un centro comercial al sur de Madrid. Entre un mar de establecimientos de hostelería, tiendas de ropa y de telefonía -todo franquicias, claro- uno de los cines con salas 3D de la ciudad, el formato que se plantea como el balón de oxigeno de la industria del cine ante la perdida de espectadores. Aunque en España todavía está en expansión, en Estados Unidos es una realidad. En 2004, la película “Polar Express” consiguió el 25 % de su recaudación en cines con ese formato, a pesar de que sólo 82 de los 3650 salas en los que se proyectó eran 3D. La piedra de toque para potenciarlo más allá del mercado americano es “U2 3D”, película que recoge algunos de los concierto en Latinoamérica del “Vertigo Tour”. En España la estrategia ha funcionado. Con motivo de su estreno, muchos cines han instalado los equipos necesarios para proyectar con esta tecnología. La franquicia de Bono y compañía abriendo mercado, por un lado, y tirando piedras contra su fuente de ingresos más solvente, el directo, por otro.

La película ofrece todo lo que te prometen cuando compras la entrada para uno de estos conciertos con escenografía babilónica pero que nunca disfrutas. Resalta la espectacularidad y te sitúa allí donde no puedes llegar. Sin embargo, parece más un trabajo para un estudiante de cine que para un seguidor del grupo. La música está en un segundo plano, el protagonista es el formato. Un publireportaje sobre las virtudes del 3D que anula su contenido. Esos planos de Adam Clayton en el que el audio se va al detalle del rasgueo de las cuerda del bajo son un buen ejemplo. O los directores, Catherine Owens y Mark Wellington, no supieron retratar la energía del grupo o es que directamente no la transmitían. U2 parecen perdidos en su propia megalomanía, el set es flojo y sus clásicos suenan aplastantes pero sin alma. En la parte final, cuando llega el momento de la lectura de la declaración de los derechos humanos en las pantallas, la cámara se va a los planos artísticos y olvida el mensaje. Los irlandeses apuestan por el futuro del cine, pero en el futuro del grupo parece que los sermones globales ya no importan tanto. Supongo que este favor a la industria de Hollywood le reportará grandes beneficios econmómicos, porque su imagen en la película es muy pobre.