Conversaciones con Carlos Tena, periodista musical afincado en La Habana, un 4 de diciembre de 2002:

Carlos Tena: “En un principio la idea del programa me pareció interesante porque aparece en un momento en que los diseñadores, los dibujantes de comics, los sastres, los joyeros, los autores de teatro, los músicos, los artistas de cine, los pintores o los poetas se reúnen en torno a un fenómeno que parece que irradia una ilusión común, que es la expresión de la libertad practicada en las calles. En los centros oficiales había más resistencias. En este sentido, que apareciera un programa musical que se dedicara a la vanguardia musical y a los movimientos alternativos me parecía perfecto. En realidad, con ‘Caja de Ritmos’ yo hacía eso pero en pequeñas dosis. Lo que me parecía peligroso era el tendido elitista que se le daba al concepto cultura. Me recordaba lo que se satiriza de una forma muy basta, pero a la vez muy precisa, en la película ‘Cocodrilo Dundee’; los festejos modernos del Nueva York más vibrante y al tiempo más elitista querían ser reproducidos totalmente aquí. Es el mismo caso de Julian Schnabel cuando viene a Madrid a impartir sus clases; todo se trata de un número. Y no pretendo entrar en una valoración del arte, sino en reflexionar sobre quién y cómo se decide lo que es cultura, lo que es vanguardia y lo que no. En Paloma yo veía una voluntad de hacer un programa vibrante pero para amigos, sin pensar en la divulgación ni en captar una audiencia mayor. De todos modos, Paloma es una señora con criterio, con una inteligencia demostrada, que conoce al personal de TVE y tiene cierto rigor, pero en ciertos aspectos ha sido un poco diletante. Ha sido un ejemplo de lo que debe ser una persona haciendo un programa valiente en televisión, pero con esa sombra de elitismo que a mí no me gusta, porque el elitismo me parece una forma de racismo subliminal. Pero tampoco quiero ser populista: yo no voy a bajar mi guardia para que vengan los demás. Pero sí que echaba en falta un talante algo más abierto.”
“De lo que se trata es de exponer de un modo divulgativo aquello que puede ser bueno y, sobre todo, algo que a mí me parece fundamental, como es señalar irónicamente cual es la bazofia. Me encantan los contrastes dentro de un programa musical, y eso es algo de lo que siempre suelo presumir, de haberle dado más capacidad de exposición alternativa a distintos temas dentro de un fenómeno musical. Si entrevisto a The Residents o a Tuxedomoon (dos de los grupos que tocaron en el plató de La Edad de Oro en sus dos primeros meses de emisión), que se inscribirían dentro de un lenguaje avanzado en la música, ¿por qué no entrevistar a Adriano Celentano, que es todo lo contrario? Creo que del contraste surgen buenas ideas y criterios.”