Si nos preguntamos las causas de la aparición de cierta censura en la televisión socialista de los ochenta podemos encontrar una respuesta en los dos affaires más sonados, y a la vez esperpénticos, que ha ofrecido la programación musical española. Uno, la actuación de Las Vulpess en ‘Caja de Ritmos’ con la canción “Me gusta ser una zorra”, libre adaptación del “I Wanna Be Your Dog” de los Stooges. Dos, la emisión del espectáculo de Psychic TV en La Edad de Oro, en el que el grupo defendió vehementemente un discurso anti-religioso. La primera tuvo lugar en 1983. La segunda, un año más tarde. Eran años en los que TVE dejaba hacer, aunque hubiera mucha gente empeñada en que no se repitieran sucesos similares.

Fue un 16 de abril de 1983. El programa de Carlos Tena, ‘Caja de Ritmos’, se emitía los sábados por la mañana con unas intenciones algo más humildes que las de La Edad de Oro. Aquella mañana el contenido del programa incluía a Polanski y El Ardor, Iniciados, TNT y cuatro punkis que se habían hecho un nombre en Bilbao. Loles, Lupe, Mamen y Begoña eran Las Vulpess.

La canción de la discordia ya había sido grabada para ‘Caja de Ritmos’ en noviembre de 1982 y, según Loles, “creíamos que la iban a censurar y a poner pitidos allí donde se dicen las cosas que ahora llaman malsonantes. Cuando vimos que salía íntegra creímos que las reacciones se iban a limitar a unas cartas al director de algún periódico, pero no sospechábamos que se armaría todo este escándalo”. Poco después del mediodía, Las Vulpess berrearon “Me gusta ser una zorra” y a los tres minutos la vida siguió su curso normal. Aquel sábado la clase política se acostó con la misma relajación con que se había levantado; en parte, porque apenas nadie se enteró de lo que decía la canción. Pero el 27 de abril de 1983 se desata la caja de los truenos. Once días después de la emisión, Luis María Ansón (director de ABC) publica la letra de la canción en  su diario forzando con ello a que la Fiscalía General del Estado actuara querellándose contra las autoras de la canción y contra Carlos Tena, como responsable de su difusión.

¿Qué había ocurrido en esos once días? En la calle absolutamente nada. Pero en los despachos dos consejeros de RTVE (José Ignacio Wert y el futuro alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano) que pertenecían al Partido Demócrata Popular (la derecha de entonces) habían protestado públicamente  por la letra de la canción, instigados por una pequeña minoría que representaba a la España más beata y que puso el grito en el cielo en el nombre de “una moralidad de sacristía”, como la definió Ramón Gómez Redondo. Una semana después de emitirse el programa la prensa recogía la siguiente noticia: “Más de quince grupos sociales de espectadores de televisión, de mujeres, de amas de casa, jóvenes, padres de familia, maestros y ancianos han creado la Comisión por una televisión digna. Los portavoces de la comisión han informado que tomarán acciones en defensa de los derechos constitucionales que recoge el artículo y el estatuto de RTVE de respeto al pluralismo religioso, a las libertades de los demás y a la protección de la juventud.” Pero, ¿qué habían hecho o dicho Las Vulpess para que se pidieran las cabezas de Carlos Tena y José María Calviño? La semana siguiente a la emisión, justo antes de que el Fiscal General del Estado, Luis Burón Barba, presentara la querella, entre las cartas al director de algunos diarios se podían leer cosas como “creo que dijo ‘mamón’ en algún momento de la canción” o “no la pude entender bien, pero me pareció porno duro”. A Carlos Tena una señora le llegó a decir que sus niños vieron la actuación y se quedaron indiferentes, en parte porque no se entendía nada.

Parecía que la ofensa no había sido tal, pero la derecha española reaccionó rápidamente tratando de rentabilizar aquel suceso intrascendente. Hay que tener en cuenta que en aquellos días José María Calviño, director de RTVE, andaba sometido todos los días a una campaña de acoso y derribo por parte de la derecha. Era un personaje molesto al frente de un organismo con poder. Su simple presencia incordiaba, así que no es de extrañar que cuando Luis María Ansón se decide a publicar la letra de la canción en su periódico, las primeras reacciones van dirigidas a pedir el cese inmediato de Calviño. La maquinaria política empezó a funcionar. Curiosamente, antes de la publicación de la letra en ABC, en sus páginas no se había recogido queja alguna de sus lectores sobre la “gravísima” ofensa de Las Vulpess. Quien no la recuerde, ahí van algunas perlas: “Prefiero masturbarme yo sola en mi cama / antes que acostarme con quien me hable del mañana” o “Quiero meter un pico en la polla / a un cerdo carroza llamado Lou Reed”.