Un día después de la publicación de la letra de “Me gusta ser una zorra” en ABC, el Fiscal General del Estado presentó una querella por delito de escándalo público, que estaba tipificado en el artículo 431 del Código Penal en los siguientes términos: “el que de cualquier modo ofendiere el pudor o las buenas costumbres con hecho grave de escándalo incurrirá en las penas de arresto mayor, multa e inhabilitación especial.” El propio Carlos Tena recuerda cómo vivió aquellas horas. “Nada más publicar Ansón la letra me llama Juan Cruz, de El País, y me dice que se va a montar un follón porque Ansón se ha reunido con el Fiscal General del Estado para hablar de mi procesamiento y el de los generales del 23-F. Resulta que los involucrados en el golpe de estado iban comentando qué coño hacían ellos en la cárcel y yo en libertad. Dio la casualidad que la hija de Burón Barba – Fiscal General del Estado – era la novia de un amigo mío que trabajaba en la radio, Ramón García del Pomar, y teníamos una buena relación. Me contó que su padre le había comentado que no quería ir contra mí, pero que los generales le estaban presionando y no le quedaba otra opción. Así que cuando se presenta la querella y me citan en el Juzgado, el juez titular, que era famoso por ser un fascista bastante descarado que fue víctima de ETA, me dice: ‘usted emite el programa el día 27 de abril…’, a lo que yo le contesté que no, que ésa era la fecha en que se publica la letra en ABC. Entonces el juez se quedó cortadísimo y a la salida del Juzgado mi abogado, el señor Mohedano, me dice: ‘Carlos, se acabó la diligencia’”.

Por un lado, la instrucción estaba tan mal hecha que no se pudo llevar a cabo el juicio. Además, paralelamente en el Congreso de los Diputados ya se estaba tramitando la reforma del Código Penal y la desaparición de la figura del escándalo público era simplemente cuestión de tiempo. Loles, la autora de la canción, estuvo tres años pendiente del juicio hasta que al cabo de ese tiempo se sobreselló. Los diez años de inhabilitación, los dos de cárcel y los cuantiosos millones de pesetas que pedían a Carlos Tena se quedó en papel mojado.

Aquel affaire fue uno de los más sonados que vivió la televisión de Calviño, cuyo mandato duró desde 1982 hasta 1986. Paloma Chamorro defiende aquella época como clave en la liberación de contenidos en la televisión española. Sin embargo, otros, como Carlos Tena, veían en su permisividad razones mucho más maquiavélicas que la mera defensa de la libertad de expresión. “Calviño era un personaje que se estaba preocupando ya por montar su Canal 10 en Londres y tener un espacio para empezar a hacer la primera televisión de satélite y de pago. Calviño era un gestor que aceptó el cargo de Director General de RTVE en un momento en el que amigos comunes me informaban que tenía casi preparada la salida del ente público antes que la entrada. Su única ambición era montar su canal de televisión. Estos asuntos me preocupaban, aunque al final los años te dictan que los directores generales de TVE en España nunca han sido nada. Ni López Amor, ni Andrés Ansón, ni Pilar Miró, ni Pío Cabanillas han devenido en algo grande políticamente. Todos han sido defenestrados de alguna manera. Es una especie de cargo que implica en sí mismo la condena a galeras, y de ser el máximo responsable de algo tan importante como debería ser una televisión pública pasarán al Consejo de Administración de un banco o de una compañía de seguros. Pero Calviño era un abogado como otro cualquiera que supongo que tenía en la cabeza preparar una televisión que él creía distinta, aunque la televisión distinta la hizo la UCD y los telediarios más plurales fueron los de UCD. Mientras estuvo en el cargo Calviño simplemente era la voz de su amo.”