Si ABC atacaba a degüello a La Edad de Oro y el diario Arriba escribió de Paloma Chamorro que tenía “un aliento de burdel y estercolero”, eran las páginas del desaparecido Diario 16 las que trataban con mayor generosidad y sensatez al programa. Desde su columna, el escritor Vicente Molina Foix, escribió estas líneas una vez pasado el huracán: “Paloma Chamorro abrió su emisión de La Edad de Oro con un aviso para pusilánimes. Vi el programa esperando emociones inéditas que justificarán las excusas de la Chamorro y me quedé con las ganas. Pero a la vista del escándalo suscitado después por los meapilas de siempre caigo ahora en la cuenta de que sus palabras de justificación –sospecho que impuestas desde arriba- tenían una razón de ser. Qué vergüenza. Lo que vimos en La Edad de Oro, de madrugada, en el Segundo Canal y, como dijo la directora del programa, sin obligar a nadie a contemplarlo, fueron unos vocablos no especialmente originales del sabido alfabeto dadaísta, unas provocaciones colegiales a cargo del ‘artista conceptual’ inglés Génesis P-Orridge, que sólo en su país, donde impera la paz de los sepulcros blanqueados, es capaz de despertar el nerviosismo. Como la música de P-Orridge no es nada especial, el artista, ante la creciente irritación de la Chamorro, se dedicó a tocarle el paquete a un orondo locutor de radio (José Miguel López, de “Discópolis) que pasaba por allí (…) Y que la imagen de un crucificado con cabeza de cerdo sea inmediatamente calificada de falta de respeto a la ‘religión mayoritaria del país’, dice mucho del retorcido complejo de culpa de esos defensores de la fe que Alianza Popular produce por generación espontánea.”

Se ha hablado mucho del affaire de Psychic TV, pero aquel programa lo cerraste con una performance de Jordi Valls (Vagina Dentata Organ), en realidad mucho más provocadora que el espectáculo de Genesis P-Orridge. “Yo ya sabía que me iba a montar una de las suyas. Fue una especie de misa negra que los espectadores no terminaron de ver porque Torrespaña cortó la emisión. Desde un púlpito, Valls comenzó a destrozar con un sable cuadros del pintor Françesc Casademont como preámbulo de una comunión en la que colaboradores suyos iban a ofrecer unas hostias a unos perros que estaban asimismo en el altar. Pero de esto no se llegó a enterar nadie, porque Torrespaña dio paso rápidamente al Telediario nocturno. Yo acabé con migas de hostia consagrada por la cazadora. Teníamos información de que Jordi Valls las había conseguido porque unos días antes había ido a una iglesia a comulgar con unos amigos.”

¿Cuánta gente pudo haber visto aquel programa?
“Es difícil determinarlo, porque en aquellos años no existían instrumentos fiables para medir las audiencias. El Estudio General de Medios daba oleadas que eran difíciles de asimilar, porque de repente anunciaba un 40% de espectadores en Madrid y un 3% en Cataluña. Además, para provocar una confusión mayor, cuando se analizaba la audiencia total de un programa sólo se contabilizaban los mayores de 16 años, por lo que buena parte del público de La Edad de Oro se quedaba fuera.”

Otras voces:

Carlos Tena: “Cuando se emitió el concierto de Psychic TV, Paloma tenía un defensor, que era Enrique Nicanor, director de la segunda cadena, que la adoraba y la tenía en palmitas. De jefe de programas musicales estaba Paco Cervantes, íntimo amigo de Alfonso Guerra, al cual simplemente le parecía muy gracioso lo que hacía Paloma. Cuando sucedió lo de Genesis P-Orridge, nos encontramos y me dijo: ‘¿Viste la que armó ayer?’.”

Rafa Cervera: “La inmensa mayoría de la gente que veía La Edad de Oro no sabía quien era Johnny Thunders, ni Tom Verlaine, ni Lou Reed, ni mucho menos Genesis P-Orridge. Para mucha gente el programa era un reality show; como Gran Hermano pero a lo bestia. Ponían La Edad de Oro para ver, en vez de los líos de Gran Hermano, quien monta el numerito sacándose la polla, como hizo Stiv Bators, o soltando unas burradas. Si no, no me explico la audiencia que tenía.”

Genesis P-Orridge: “Creo que La Edad de Oro es único en su género en todo el mundo. Lo que el programa prueba, con una pequeña ayuda nuestra y de Derek Jarman, es que las personas quieren que sus planteamientos sean cuestionados: quieren información. Quieren que se les trate como adultos. Desgraciadamente, los programas televisivos consideran que la gente es imbécil y que desean ser llevados de la mano. Creo que el hombre corriente es inteligente y quiere conocer la verdad.”