Repasando los discos más brillantes del 2008, se han de ponderar varios factores. Para mí dos de los más importantes son la cantidad de veces que un álbum se escucha en mi reproductor tanto como la causa de que esto ocurra. Y este debut homónimo de Kyte, fijo, uno de los que más. Será porque, aparte de haberse publicado en un día muy lejano de febrero –la antigüedad es un grado: ha dispuesto de más tiempo para generar cariño-, estos músicos de Leicestershire trabajan un sonido amplio, de panorámica casi épica –lo llaman nu gaze aunque yo lo asociaría a los Talk Talk más ampulosos del principio-, y en el intento no empalagan. Trufado de teclados, podría haber caído fácilmente en las garras del prog rock, pero su instinto melódico sobre capas mullidas que entran y salen es frenado en su grandeur por una voz susurrante –la de Nick Moon– que las baja a tierra. Son tonadas de quilates, solo comparables a las de buenos discos de Prefab Sprout (“Secular Ventures”) o The Postal Service (“Sunlight”). Acaban de grabar un EP con una versión de “Solsbury Hill” de Peter Gabriel.