Hay discos cuya valoración viene rigurosamente determinada por el grosor de la lente con la que se enfoque. Así, los sonidos improvisados de “17 animales” (el nuevo disco de La Jr.) pueden entenderse como una tomadura de pelo e irritar al oyente antes de llegar al ecuador de su metraje. Podríamos también arrugar un poco la ceja y sacar a relucir en alto los nombres de John Zorn o AMM (si nos podemos insultantemente pedantes) para venir a decir que estamos ante la primera (¿y última?) obra claramente improvisada que ha dado un grupo surgido del indie. O, como es mi caso, podemos relajarnos y descubrir un disco muy agradable de escuchar y eficaz en su rol de hilo musical en tu quehacer diario. Podría enumerar todos los sonidos que pululan con total libertad por “17 animales”, pero se me antoja una tarea inútil. Me da la impresión de que son consecuencia de un momento. Mañana podrían ser cualquier otros, ¿no? A “17 animales” no se le ve la estructura por ningún lado. ¿Un disco anárquico? La palabra me resulta algo dura porque lleva implícito un estigma de resistencia, de alternativa o de lucha, y yo en esos juegos traviesos que parecen las canciones sólo advierto buen rollo y – lo que agradezco una barbaridad – una actitud relajada donde otros plantean una batalla. Vale, se trata de un disco sin ton ni son, sin principio ni final, sin melodía ni ritmo, pero también sin trampa ni cartón y con un sentido de la funcionalidad (algo perverso, eso sí) con el que podría competir con ese muzak que inventaron en los años cincuenta para redirigir nuestro subconsciente a través de la música. Vaya, ya me puse pedante.