David S. Mordoh ha reconocido alguna vez que nuestros gustos musicales circulan en direcciones opuestas y, a juzgar por nuestras respectivas listas, razón no le falta. De mis veinte discos del año no coincidimos en ninguno… excepto en el puesto de honor: nuestra debilidad por el último disco de Silver Jews ya ha sido compartida en más de una ocasión. Ahí va una selección de momentos destacables del año. Entre paréntesis los números que ocupa cada álbum en mi lista de 2008.
1. Silver Jews ha cogido la feliz dinámica del Cohen de “Death Of A Ladies’ Man”: suelto, confiado, ultra-vitalista, inspirado y magistral. No por no parecer esforzado se es menos artista, sino que incluso puede que sea todo lo contrario. Por eso me quedo con “Death Of A Ladies’ Man” antes que con cualquier otro disco de Leonard Cohen. Por eso me quedo con “Lookout Mountain, Lookout Sea” (1) antes que con cualquier otro disco de este año. Aunque no sólo por eso…
2. El efecto “The Greatest” (Cat Power) ha hecho mella en Ron Sexsmith. “Exit Strategy For The Soul” (5) caldea aún más el registro cálido del canadiense. Mejor cuanto más mainstream.
3.Los mitos del post-punk siguen dando qué hablar. A Wire les han salido tres o cuatro excelentes canciones mezclando los devaneos de Githead con la contundencia de “Send”. Y The Fall han escupido uno de los mejores discos de su carrera; para mí, el mejor desde “Bend Sinister”. “Imperial Wax Solvent” (12) muerde como pocos. En “50 Year Old Man” el abuelo Smith ruge más fiero que todos sus nietos.
4. Mirando hacia África, los mensuales se hacen eco del disco de Amadou & Mariam y sus canciones con clase (“Sabali” sería preciosa en otro contexto) grabadas para verbenas. Pero si de verdad se quieren introducir en los sorprendentes páramos de Malí, déjense guiar por el afro-folk hipnótico de “Tchamantché” (2), de Rokia Traoré. No sólo de recopilatorios de afro-beat y highlife vive África.
5. Momentos imposibles: Hans-Peter Lindström recordando por momentos a Vangelis y Jean-Michel Jarre mientras trazaba unos recorridos de sintetizador tan complejos como hermosos. “Where You Go I Go Too” (13) es un disco admirable que maneja influencias denostadas.
6. Robert Forster firmó en “The Evangelist” (8) una de las despedidas (“From Ghost Town”) más emocionantes y elegantes que recuerdo. Para cerrar página a la historia de ese grupo (The Go-Betweens) cuya discografía sería una de esas tres cosas que me llevaría a una isla desierta.
7. El indie-rock resucitó, con ideas nuevas y vitaminas renovadas, cuando nadie lo esperaba. Sub Pop se lo ha currado con discos como “Nouns” (9), de No Age, y “Bits”, de Oxford Collapse.
8. Carla Bozulich se disfraza de Evangelista para mostrarnos sus heridas abiertas en “Hello, Voyager” (4). La música llega a lugares donde la vista difícilmente se lo permitiría. Disco espeluznante del año.
9. Fuck Buttons: ruido con capas y música con trampas. “Street Horrrrrrrrrrrsing” (11) domina el tempo ruidoso para descubrirnos ráfagas de belleza en el mismísimo infierno. Muy bonito.
10. No le discuto el talento expresivo a Jason Pierce, pero “Songs In A&E” vuelve a pecar de ese exceso de fuegos, almas y salvaciones que hacen de la misión de redención de Pierce una de las más insistentes y pelmas que se recuerdan. Si lo toleran, puede que ganen un buen disco a cambio.
11. Jeremy Jay es el autor del “pequeño gran disco” del año con “The Place Where We Can Go” (14).
12. De la producción nacional me quedo con Cuchillo (por su amplitud de miras y por redescubrirme “Summertime In England”, de Van Morrison), Tachenko (porque no tienen rival en el arte de la melodía), Joe Crepúsculo (por fomentar el culto a la personalidad en una escena necesitada de exhibicionismos talentosos) y Miqui Puig (porque tiene un gusto musical envidiable y lo transmite a sus canciones).
13. El zafarrancho polirrítmico post- Animal Collective de Abe Vigoda, la exuberancia tribal de High Places y el pop afro-soleado de Vampire Weekend se tendrán que conformar con ver este desfile de triunfadores desde mi banquillo de la suplencia. Atesoran ciertas virtudes, pero antes me quedo incluso con las progresiones de otros neoyorquinos: Growing.
14. Algo tan aparente rígido como el ruido sigue deparando sorpresas. Hair Police (17), desde la hostia bruta, y Prurient, provocando el incordio con frecuencias dolorosas, dejaron la agresión de Throbbing Gristle en un escándalo ya sólo para museos. También tuvimos noticias de Kevin Martin, terrorista sónico activo hace una década y agente infiltrado en el dubstep en 2008 como The Bug. Prometía lo suyo, pero “London Zoo” no me convenció: demasiado plano.
15. Si se encuentran en el metro a Al Green (16), Marianne Faithfull, Neil Diamond (19) o Kevin Ayers (10) no les cedan el asiento: están más frescos que muchos de nosotros. Me fascinan los discos hipnotizados por la magia atemporal del pop, como los que nos dejaron estos cuatro magníficos.
16. De los cientos y cientos de canciones que visitaron por primera vez este año mi reproductor sólo tres consiguieron pasar por el repeat hasta diez veces seguidas: “Open Field” (Silver Jews), “Walk On Water” (Kevin Ayers) y “From Ghost Town” (Robert Forster). “Heavenly Creatures” (Jeremy Jay) se quedó en nueve.
17. David Holmes enseñándole el camino a Primal Scream con “The Holy Pictures” (15), mientras Bobby Gillespie miraba quién sabe dónde.
18. Thomas Brinkmann ha liberado al minimal techno de la rigidez de su coraza al meterlo dentro de esa catacumba que es su propia voz. “When Horses Die” (17) es soul congelado para colectivos alienados.
19. Premio al disco inconmensurablemente pirado del año. Of Montreal publicaron un trabajo que parece un disco megalómano de Prince que ha sido despedazado cual puzzle y recompuesto sin método, ni rigor… ¿ni vergüenza? Alguien dijo que “Skeletal Lamping” (20) era la metacanción y me quedé con el término. Talento en bruto; pero en bruto de verdad.
20. The Sea & The Cake empezaron a la sombra de Tortoise y, mientras otros investigan, poco a poco su esfuerzo ha ido dirigido a hacer de sus canciones objetos cada vez más bonitos y manejables. “Car Alarm” (3) contiene dos o tres de las mejores canciones pop de este año.
21. Rescate de los Beach Boys en sus dos mejores caras, cortesía de Fleet Foxes (7) y del propio Brian Wilson. Pulidas, abrillantadas y rejuvenecidas en diferentes dosis: Fleet Foxes con el disco entero y Brian Wilson con un par de canciones.
22. Si hay alguien por aquí fan de la versión original (la de Point Records) de “The Sinking Of The Titanic” (Gavin Bryars) que le eche una escuchadita a Johann Johansson. La belleza siempre llegó desde el frío, como “Fjordlandia” (6).
23. Suma y sigue de Arthur Russell, un Nick Drake renacentista. Este año tuvimos ración tanto para los ojos (el documental “Wild Combination”) como para los oídos (la colección perdida de pop “Love Is Undertaking Me”).
24. Mención especial para Girl Talk, ladrón a mano descubierta que actúa amparado en la coartada creativa y el creciente malestar hacia la recaudación indiscriminada de los derechos de autor. “Feed The Animals” o como hurgar en el hard-rock de los setenta (entre otros estilos) y crear música del siglo veintiuno.
25. Bill Drummond escribiendo “17”, un libro-diario que apunta al futuro mirando (sin ira, sin nostalgia) a un pasado (el suyo) rico en experiencias vitales e instantes para los anales de la música pop. Un genio y su genialidad.
