Ah, el ingenio, esa virtud que deslumbra a corto plazo y satura en dos semanas.
Hace un poco un lector comentaba en este blog que “tengo mis dudas sobre que Joe Crepúsculo haya eclipsado a Tarántula. Creo más bien que nos estamos dejando llevar por la emoción del momento”. Coincido con él. Me recomendaron a Crepúsculo por varios flancos fiables, me bajé el disco de su página web y tardé bastante en abrirlo (me hice un lío aprendiendo a manejar archivos RAR). Escuché el disco justo una semana antes de mandar mi lista de “lo mejor de 2008” a Rockdelux, en pleno subidón del descubrimiento, así que lo metí por ahí (puesto ocho nacional) y ahora empiezo a arrepentirme (las listas y las prisas deberían ser incompatibles, por eso intento hacerlas a partir del dos de enero). Igual que hay discos que crecen, hay otros que se desinflan. Al principio piensas es “qué distinto” y “qué letras”. Ambas cosas son ciertas: Joe Crepúsculo tiene un discurso personal e impredecible, aunque no siempre inspirado. “Supercrepus” puede presumir de tres o cuatro singles eficaces. Una vez superado el factor sorpresa, resulta difícil defender sus melodías inertes, la espesa producción de baja fidelidad y un repertorio tremendamente homogéneo (no es recomendable oírlo del tirón). De vez en cuando transmite también cierta tendencia a epatar: ¿qué significa “la cara del perro es muy bella por dentro/vamos a adentrarnos en estos sentimientos”? Es un disco largo de canciones cortas, que cuesta escuchar cuatro o cinco veces. Cuando te metes a fondo corres el riesgo de aburrirte. El lo-fi cuela si tu genio es comparable al de Robert Pollard, pero aquí encuentro mucho más estilo que sustancia (leáse canciones). Espero con curiosidad el siguiente álbum, pero a este me costaría ponerle tres estrellas (creo que se queda en dos y media).