En el principio fue la semba, un estilo musical tradicional angoleño predecesor de una gran variedad de músicas africanas; entre otras, la samba, la kizomba (música angoleña para bailar agarraos vinculada al zouk antillano) o el kuduro. Según el periodista portugués António Pirés “la semba, bailada en los barrios marginales del país, evolucionó durante los años sesenta y setenta con la llegada de los nuevos instrumentos eléctricos; así, las guitarras eléctricas y los órganos competían con las percusiones acústicas en la creación de un estilo que sirviera de puente entre las músicas tradicionales angoleñas y los estilos anglosajones emergentes”. La fusión estaba servida, pero aún hubo que esperar algunos años más para que surgiera de los suburbios de las ciudades angoleñas un nuevo estilo, el kuduro, con capacidad de influir en la evolución de las corrientes musicales occidentales contemporáneas.

En efecto, el kuduro es el resultado del choque entre la música tradicional angoleña (semba, kizomba) y la música electrónica occidental (house, electro, techno). En portugués kuduro significa literalmente “culo duro”, una definición en absoluto gratuita: se baila echando el culo para atrás. Pero ese es sólo uno de los “pasos” del kuduro: el baile incluye toda una serie de movimientos espasmódicos, como si un bailarín de break metiera los dedos en un enchufe, y también puede desembocar en tórridas escenas de roce o “perreo” (sobre todo si lo que suena es esa incendiaria variante del kuduro llamada la tarrachinha). En palabras del periodista musical portugués Joao Xavier, “en una fiesta de kuduro el baile alcanza niveles inimaginables. Recuerda a los primeros días del breakdance en los años ochenta: la música tronando en los altavoces y todo el mundo bailando en círculo realizando los movimientos más enloquecidos”.

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