Actor de teatro con aspiraciones nacido en Sudáfrica hace 25 años y afincado en Gran Bretaña, Johnny Flynn, como buen observador que es –se percibe en sus textos-, aprende a componer al estilo cantautor y, junto a su banda de acompañamiento The Sussex Wit, profundiza en los recovecos de un country blues similar al que popularizaron los hobos que invadieron las líneas de ferrocarril hace tres cuartos de siglo. Solo que ahora los vagones están varados en las estaciones oxidándose en el invierno de la ciudad, sin un centímetro cuadrado a salvo de los grafiteros.

Capaz tanto de describir sensaciones visitando la tumba de su abuelo en Asia –“Hong Kong Cemetry”- como de conjuntar notas de gran dulzura –“Brown Trout Blues” es más Clem Snide en plena forma que Sufjan Stevens – o de adentrarse en alegorías futboleras –en “Wayne Rooney” se menciona a George Best– sin renunciar a sus influencias –John Fahey y, ¡hey!, Langhorne Slim-, en poco más de un año, cuatro singles y el álbum “A Larum” (Lost Highway 2008), Flynn ha compartido cartel con Young Knives –minigira por Brasil, Argentina y Chile-, Kooks, Mystery Jets y Laura Marling. Su música es tranquila, pura y rural, y debería acompañarse con grabaciones de campo de cigarras y grillos.