Hasta hace no mucho las chicas eran mucho más reacias que los chicos  a la hora de publicar discos con un nombre que no fuese el suyo. Cat Power se puso a la altura de sus precursores –Smog, Palace Brothers– y le proporcionó a su música el elemento de ficción necesario. Con el nombre de White Hinterland se presenta la joven Casey Dienel. Cantautora talentosa con estudios musicales, esta nativa de Boston refulge con voz cristalina codeándose con los grandes.

Su fórmula se ve enseguida nada más abrir “Philactery Factory” (Dead Oceans 2008) con la entrada de “The Destruction Of The Art Deco House” y su jazz nocturno perfumado con escobillas en el más puro estilo Rickie Lee Jones época “Pirates” (sin tal vez el aire de trifulca callejera romántica). “Dreaming Of The Plum Trees” retiene la cadencia subtropical californiana de Maria Muldaur con un punto groovy –término anglófono pacato- liviano. Las conclusiones definitivas llegan con “Home Town Hooray”, partiendo de un trote agradable que no parece dar para más de dos minutos y estirándolo hasta los siete. Con la excusa de un piano saltarín, desglosa la narración con un placer de sencillez impensable, aprendiendo de las tretas que usa para alargar los temas el Van Morrison más caledónico; pero con sensualidad vocal tipo Mary Margaret O´Hara en vez de gruñidos: al lado de esta canción, el pop de Ramones suena a eyaculación precoz.

La transparencia lírica prosigue incólume, sea repitiendo frases hasta llevar la canción donde ella quiere –“Lindberghs + Metal Birds”-, sea jugando con la inocencia al insinuar un coro infantil –“Napoleon At Waterloo”– o introduciendo los vientos perezosos –“Hung On A Thin Thread”  del estilo del maestro Van. A destacar la presencia instrumental de Peter Broderick, uno de los valores actuales en alza; y la producción del ya inesquivable Adam Selzer.