Después de varios meses de espera, volvemos con nuevos capítulos de La Edad de Oro. Nuevamente, en las respuestas está Paloma Chamorro, directora y presentadora del programa.

Dándole vueltas al formato del programa sorprende que se hiciera en directo, cuando los precedentes eran espacios en diferido con artistas cantando en playback.
“Me sorprendí mucho cuando me lo propusieron porque nunca creí que a mí me fueran a dejar hacer un programa en directo. Les dije: ‘¿de verdad me vais a dejar realizarlo en directo?’, a lo que me respondieron: ‘no, ¡te vamos a obligar a que lo hagas en directo!’ En principio la idea no era otra que abaratar costes.”

¿Te dio muchos quebraderos de cabeza el formato?
“Bastantes. Tengo que decir que a mí, más que los fascistas y algunos compañeros de profesión, quienes más me han fastidiado han sido los vagos de TVE, porque un programa de música en directo obligaba a trabajar mucho y muy pocos estaban dispuestos.”

¿Puedes ponerme algún ejemplo?
“Desde el primer día todo fueron complicaciones. Aprovechamos el concierto de Spandau Ballet en Rock-Ola para montar con el evento el programa piloto. Para empezar, yo necesitaba que cinco de mis cámaras se metieran en esa ratonera; porque una cosa es ir a ver un concierto y otra muy distinta trabajar en esas condiciones. Del concierto me fui como si hubiera salido de una piscina. Ahí me di cuenta que no iba a ser tarea fácil convencer a los profesionales de TVE para sacar adelante programa tras programa. Aún así, a regañadientes, conseguimos la grabación. Pero el primer problema gordo lo tuve con Tuxedomoon.”

¿Qué pasó?
“En la víspera del programa, que fue el segundo que realicé (tras el de Kaka de Luxe), después de la prueba de sonido surgieron unas desavenencias con los técnicos de sonido. Según me hicieron saber los del grupo, estaban con la mosca detrás de la oreja porque temían que el día del directo se la iban a jugar. Se plantearon incluso no tocar. Yo tuve que mentirles piadosamente, jurando por encima de todo que nadie les iba a engañar, aunque no las tenía todas conmigo. A mi favor jugó que yo por entonces mantenía una relación sentimental con uno de los del grupo, quien me allanó un poco el terreno. Al final todo se arreglaba de la misma manera. Siempre tenía que echar mano al dinero de mi bolsillo (del plus que cobraba por cada programa) para tener a los grupos contentos, ya fuera consiguiéndoles algo de droga o llevándoles a cenar, como fue este caso. Una cena en Casa Lucio fue la culpable de que Tuxedomoon tocaran en directo en La Edad de Oro (emitido el 24 de mayo de 1983).”

¿Tan fastidioso era trabajar con los técnicos de sonido de TVE?
“No te lo puedes creer. Algunos trabajadores de la casa llegaron a agredir descaradamente a los artistas. El mero sistema de producción de televisión de la época -y supongo que algo debe quedar de ello todavía- era una pura agresión, porque el señor que controlaba una máquina no sólo controlaba ese aparato sino que era dueño de una parcela de poder, y así te lo hacía saber. No éramos un equipo de gente remando en la misma dirección; aquello era un conflicto permanente de intereses y poderes. Yo he llegado a ver como un técnico le pegaba en la mano a un músico que fue a ayudarle a ecualizar la mesa de mezclas en su prueba de sonido. Muchos de estos trabajadores habían sido contratados en la época de Franco y para ellos los músicos de rock eran poco menos que delincuentes que habían entrado en su casa. Amparados por mí, claro está…. Luego estaba el asunto de las tres mezclas, que era algo que no le entraba en la cabeza a los músicos.”

¿Tres mezclas?
“Bueno, vamos a ponernos un poco técnicos. Para emitir en directo en un estudio de televisión había que conseguir como mínimo tres mezclas diferentes de sonido. Una primera mezcla para que el grupo se escuchase por monitores, una segunda cuyo cometido sería que el público asistente al concierto escuche una megafonía correcta y una tercera mezcla que permita una emisión decente por televisión. Los técnicos de sonido que traían los grupos sabían hacer las dos primeras mezclas pero no la tercera. Lo ideal era conseguir un técnico que fuera capaz de entender lo que el grupo quería, pero además que fuera capaz de traducirlo a una mezcla suficientemente buena para emitir por televisión. Era un trabajo de colaboración que habitualmente acababa en una lucha continua. Una de mis misiones era meterle en la cabeza a una gente tan anárquica como eran los músicos que había que obtener una nueva mezcla y que quien se tenía que encargar de ello era gente que no era precisamente de su confianza.”