En la música, la mala suerte se maldice en el momento y se sufre durante años. Pero el tiempo al final se pone de parte del infortunio y termina por enaltecer las obras vilipendiadas. No recuerdo un disco más maltratado que “Sister Lovers”, el tercero de Big Star, condenado por la discográfica y boicoteado por su propio autor, Alex Chilton. Años después resurgiría como un enorme disco donde la euforia y la debacle terminan por confundirse. Algo más de tiempo tuvo que esperar Nick Garrie para que la maravilla que escribiera en 1969 luciera galones de obra mayor. Su caso merece capítulo aparte en el tomo de artistas malditos de la enciclopedia musical. Porque el bueno de Garrie nunca en su vida caminó por el lado salvaje ni le vendió un gramo de su alma al diablo. Cuando estalló la revuelta de París en 1968 él era un simple estudiante, comprometido con el arte y la música, que escribía sus canciones en el sur de Francia sin apenas testigos.

Fue Lucien Morisse, que entonces editaba los discos de Brigitte Bardot en su sello AZ, quien se percató de aquel extraordinario talento e invirtió su dinero en una orquesta de 56 músicos para sacar adelante aquel fantástico repertorio que parecía provenir de un Dylan onírico. Aquel sería su último acto de generosidad con el arte. Pocos días después de la publicación de “The Nightmare Of J.B. Stanislas”, Morisse se suicidaba y con él también se iban las únicas esperanzas depositadas en Garrie. Conclusión: apenas hubo promoción para un disco cuyas copias terminarían pudriéndose en algún sótano. Garrie, deprimido y ninguneado, prefirió olvidarse de que un día fue músico. Cierto es que a finales de los setenta tuvo un éxito en España, con el single “Back To 1930”, pero para entonces ya había cambiado su identidad por la de Nick Hamilton.

Han tenido que pasar cuarenta años para que el apellido Garrie se imprima nuevamente en la portada de un disco. Apoyado por el talludito batallón del indie-pop escocés (Teenage Fanclub, BMX Bandits), Garrie retorna con un disco dulce en el que el amor se guía por la inocencia –que no la ingenuidad- y los cuentos infantiles compiten con la canción sentimental. “49 Arlington Gardens” (publicado por Elefant, que también prepara para este año reedición de su clásico de 1969) es la perfecta banda sonora para una vuelta a casa por navidad. La gran sintonía que demanda el hijo pródigo. Dos piezas deslumbran por encima del resto: “When The Child In Me”, paisaje neoclásico a lo John Cale, y el socavón sentimental de “Lovers”, escrita por el compositor francés Francis Lai.

Algunas veces me han preguntado con extrañeza que cómo era posible que mencionara a Vainica Doble como mi grupo favorito de siempre, existiendo la Velvet Underground, The Beatles o Bob Dylan. Digamos que hay artistas con los que probé el cariño antes que la admiración. The Go-Betweens, Vainica Doble, Alex Chilton, Pascal Comelade, Nick Garrie… déjenme primero que los disfrute y luego hablamos de música.