La victoria socialista de 1982 había sido premisa necesaria para que Paloma Chamorro tuviera su espacio musical en televisión. Pero al igual que incidió positivamente a la hora de dar luz verde a unos contenidos culturales minoritarios, la política restrictiva que se aplicó en televisión en materia de subvenciones y la aprobación de una Ley de Incompatibilidades supusieron un notable freno a la libre exposición de contenidos. De repente, del entusiasmo generalizado por participar de una televisión donde casi todo podía ser posible se pasó a la dura realidad de los despachos y la burocracia.

 

“Entre 1982 y 1986 TVE no recibió una sola peseta de fondos públicos – confirma Paloma -. En aquella época mis programas generaban mucha publicidad; ingresaban más dinero en publicidad que lo que realmente costaban. Fue el único periodo en que la televisión pública se autofinanció exclusivamente con la publicidad, pero no sólo RTVE, sino que con el dinero que generaba el ente también se financiaba la orquesta de RTVE, el Instituto de RTVE y Radio Nacional, que por entonces no tenía publicidad. Cierto es que no existía aún la competencia de las televisiones privadas, pero no menos cierto es que a partir de 1986, y bajo el mandato de Pilar Miró, TVE empezó a recibir dinero de fondos públicos y a generar una deuda millonaria.”

 

Me comentaste que muchas veces tenías que tirar del plus que tenías para sacar adelante los programas. ¿Cómo se asignaba ese plus?

“Era una cantidad que teníamos asignada a cada programa para imprevistos. El plus más elevado que había por programa en TVE era entonces de 100.000 pesetas (600 euros), y con ello se tenían que cubrir gastos diversos como comidas extraordinarias o las drogas para los artistas que nos las pedían. Las primeras porque eran partidas presupuestarias que aún no formaban parte de los gastos de producción y las segundas porque… evidentemente no podían estar contemplados en el presupuesto. Recuerdo cuando vino Alan Vega (cantante de Suicide). Se puso muy gamberro y dijo que no actuaba si no le conseguíamos cinco gramos de cocaína, así que tuve que pillarle yo las drogas y pagar los gramos con el dinero del plus asignado.”

¿Cómo viviste esa política restrictiva del PSOE? ¿La considerabas necesaria, a pesar de afectarte directamente?

“Era más que necesaria y yo estaba dispuesta a asumir un clima de austeridad, pero no todos los que trabajaban conmigo pensaban igual. La decisión de cerrar el grifo de las subvenciones a TVE fue una medida determinada por el incesante derroche y la poca responsabilidad que sobre el dinero público había ejercido la anterior legislatura a la del PSOE. Antes de ganar las elecciones, los socialistas habían solicitado una auditoría de las cuentas del ente público; una medida electoralista que puso de manifiesto el poco rigor administrativo y económico de que habían hecho gala los mandatarios de la UCD al frente de la televisión pública.”

Seguro que conoces algún caso.

“¿Un ejemplo? De aquel informe se desprendía que una señora encargada del guardarropa de los Estudios Roma había cobrado 600.000 pesetas de la época (3.600 euros) de horas extraordinarias durante un año en los setenta. ¿Otro? Las baterías del programa musical Aplauso eran de atrezzo y se alquilaban como si fueran de máxima calidad. El despilfarro era generalizado. Fue una medida razonable pero muy poco política de Calviño (director de RTVE durante el tiempo que duró La Edad de Oro). Se echó a todos los trabajadores en contra: los que estaban enfrentados políticamente y los que no aceptaban las medidas económicas restrictivas cuando antes se habían vivido años de derroche e irresponsabilidad. Este clima hostil fue determinante en la predisposición de buena parte de los trabajadores con un programa que exigía tanto como era La Edad de Oro. Para que te des cuenta de la austeridad económica que se vivía, te diré que el periodista Jesús Hermida (líder de audiencia durante los ochenta y parte de los noventa) disfrutaba del mismo plus que yo, el máximo que había en Prado del Rey. Ante ese panorama, y con la sombra de las televisiones privadas a la vuelta de la esquina, Hermida se largó en cuanto pudo.”