El País hacía oídos sordos del programa, demasiado cauteloso del rumbo que fuera a tomar el programa, ABC se significaba puntualmente como velador de esa moral que Paloma Chamorro, según ellos, se encargaba de violar sistemáticamente, y el desaparecido Diario 16 proponía un debate sobre la calidad e intención del espacio. Una visita a la hemeroteca nos permite comprobar cómo los primeros reproches que tuvo que soportar Paloma Chamorro poco o nada tenían que ver con un cuestionamiento de sus contenidos o su forma de hacer televisión. Ahí va una muestra de los comentarios y reseñas de la época:

 

El 21 de mayo de 1983 y desde Diario 16, Federico Jiménez Losantos defendía el voto de confianza a Chamorro: “Se la está criticando severamente, sin las habituales esperas que a otros se conceden, porque Paloma es, sin duda, una de las profesionales con más seguridad en la dirección de programas de las que andan por Prado del Rey.”

 

Tres días después, la periodista Gloria Díez respondía en otra columna del mismo diario: “Sobre Prado del Rey, en el que ondea la bandera arriada y el cadáver incorrupto de Carlos Tena, han soltado a Paloma Chamorro, que estrenó La Edad de Oro para regocijo de muchos y aún sin escándalo conocido.”

 

El 19 de junio de 1983, pocos días después de emitirse el programa dedicado a The Bollock Brothers (uno de las selecciones más reprochadas), el periodista Javier Macua escribía las siguientes líneas en Diario 16: “Si algo es Paloma Chamorro es una chica listísima. Su empeño en ligar Rockola y Mishima, Parálisis Permanente y Marcel Duchamp, los Pegamoides y Boris Vian, a más de uno le sonará a payasada. A lo peor, bajo tantos decibelios y colores chillones no hay más que un conservadurismo atroz, un deseo de suplantar al otro y llegar a ser tan famoso como Paco Umbral (…) Hay personajes culturales flotantes siempre colgados del efímero momento. Los hay, por el contrario, que cavan en un mismo pozo cada vez más hondo. Paloma es de los primeros. Gómez Redondo es de los segundos. Pero el caso es que éste sigue confiando en aquélla.”

 

Sólo una vez concluida la primera época, comienza a cimentarse en Diario 16 una defensa más sólida de La Edad de Oro. En una columna fechada el 8 de enero de 1984 y firmada por el escritor Vicente Molina Foix, se podía leer una defensa racional no exenta de crítica. “¿Por qué se acaba prematuramente el único programa que, con fallos y aciertos, recogía la imagen musical de una jeunesse dorée  alambicada y el latido de ese fantasma que hoy recorre Europa y nadie sabe qué es: la posmodernidad? (…) No le faltó, sin embargo, al programa final de Paloma Chamorro el error conceptual que, a mi juicio, ha caracterizado los anteriores. Una cosa es dar la plataforma a la vanguardia pop y otra darles voz y voto. En un loable intento de completar el cuadro de costumbres, Chamorro insiste en entrevistar a sus héroes, los cuales, desgraciadamente, demuestran que el instinto musical no implica inteligencia, originalidad ni dotes oratorias (…) Hay quien ve un síntoma en La Edad de Oro. ¿Entramos en el bronce?”.

 

Después del programa dedicado a Echo & The Bunnymen, el 4 de noviembre de 1984 Molina Foix lo diseccionaba de la siguiente manera: “De La Edad de Oro me gusta especialmente el ambiente de descalabro controlado que Paloma Chamorro sabe imponer en el plató. Está ella, por ejemplo, entrevistando a algún moderno y aparece detrás una de las anti-azafatas del programa, y de un codazo le anuncia que el siguiente espectáculo está listo. Pero lo que sigue es un grupo magnífico, que se ve y se escucha muy bien.” Pero entre las líneas de su texto se dejaba caer una reflexión: “por desgracia, las entrevistas no siempre son magníficas, pues la mayoría de los que hacen música son poco afortunados oradores.”

 

También desde Diario 16, Pedro Calvo escribía el 18 de diciembre de 1984 lo siguiente: “Es probable que en esa gran confusión entre lo nuevo y lo viejo que domina La Edad de Oro, Paul Collins reciba los habituales calificativos que convierten a cualquier visitante en ‘lo más de lo más’.” Y con motivo de la aparición de Los Chunguitos en el programa, el 5 de febrero de 1985 firmó: “La habitual falta de criterio, el capricho y el esnobismo traen esta semana a la catacumba moderna a Los Chunguitos y a Azúcar Moreno. Ponga un gitano en su distorsionada ‘modernidad’. Los Chunguitos tienen un público amplísimo y no necesitan de filtros elitistas y supuestamente vanguardistas para asomarse a los hogares de tanta gente que les aprecian por lo que son. Y no precisan del aval oportunista de un programa deliberadamente minoritario.”

 

El debate cultural nunca fue la batalla de ABC. La Edad de Oro era, simplemente, un residuo en la programación televisiva. Sólo cedieron espacio en sus páginas en dos ocasiones: para promover el escándalo de Psychic TV y para celebrar el fin del programa. En el penúltimo, emitido el 26 de marzo de 1985 y dedicado a Tuxedomoon, Paloma daba la noticia nada más iniciar la emisión: La Edad de Oro se termina y no precisamente por mi culpa, como han dicho algunos periódicos.” Conociendo de antemano la primicia que la presentadora iba a dar en directo, en el diario ABC, y a modo de estocada, se podía leer lo siguiente: “Lo que sí es cierto es que hoy se emite el penúltimo programa de La Edad de Oro. Y su desaparición de la programación se debe, además, a las presiones exteriores contra la Chamorro, debido, entre otras cosas, a los contenidos provocativos, soeces y antirreligiosos de que ha hecho gala en algunos de los programas. La ‘modernez’ no debe estar reñida con el buen gusto. Y eso Paloma Chamorro no ha sabido entenderlo.”