Matthew Sweet, de Southampton (no confundir con el Matthew Sweet de Nebraska), canta como un cantautor de última y penúltima hornada bajo el nombre de Boduf Songs, con esa voz que bebe del Sam Beam (Iron & Wine) que bebió del abrevadero donde casi todos han bebido: Nick Drake. Con la guitarra acústica perfilando acuarelas llenas de neblina –añadamos algún ejemplo de la generación anterior: Eric Matthews y Low-, su música desprende una aparente sensación de paz.

 

Eso, claro, si no te fijas en los pequeños detalles. O en los textos. Que un británico grabe para Kranky ya debería poner sobre aviso. Que el título de este tercer álbum sea “How Shadows Chase The Balance” y que en la portada aparezca un cementerio, también. El caso es que, a medida que transcurren las canciones, se van abriendo puertas, pero uno no puede dejar de mirar atrás de reojo para que no se cierren otras. “Mission Creep” habla de ejércitos de fantasmas multitudinarios alrededor de la cama. “Quiet When Group”, con ese hipnotismo digno de un Mark Kozelek capaz de hacer durar una pieza siete minutos, habla de semillas, cenizas y quemar la casa. “I Can´t See A Thing In Here” de cuernos, almas, sufrimiento, calaveras y huesos. “Pitiful Shadow Engulled In Darkness” –seguimos con los títulos explícitos- de pantanos y venas. “A Spirit Harness” de espíritus, océanos negros y cielos más negros aún. Incluso para una persona como yo, educado en la frontera entre la belleza y la frialdad indescriptible –pálida- de “Berlin” de Lou Reed, esa calma tensa resulta de lo más inquietante. Y ya puede Matt adornarla con terciopelo casero –algo de violín, aderezos de percusión fina, piano, etc-, sigo sin tranquilizarme: el terciopelo también está presente en Kubrick y en Lynch.

 

Un juglar de la noche, portador de leyendas misteriosas y miedos ancestrales, cantando a las almas atribuladas. A saber de dónde vienen y qué quieren.