En el otoño de 1983, Paloma Chamorro envío una expedición a Londres para procurarse varios reportajes relacionados con el arte y, de paso, entrevistar a Malcolm MacLaren. La entrevista se emitió cortada en dos en el mes de diciembre. Aquí va íntegra y dosificada en pequeñas cápsulas.

 

“Fui estudiante de arte en Inglaterra a mediados de los sesenta. Me tiré allí diez años. La escuela de arte era realmente el único lugar donde podías hacer lo que te diera la gana. Las mejores chicas iban allí y esa es la razón por la que me matriculé. En la época que estuve allí pasaron muchas cosas. Viví de cerca la revuelta francesa de mayo del 68, en la que el arte tuvo su momento anarquista y algunos personajes históricos se popularizaron, en especial el español Buenaventura Durruti. Nuestra conciencia política se activó en la misma medida que empezamos a desconfiar de la clase política. Empezamos a creer en un sistema regido por la cultura. Alguien me contó una historia estupenda de Durruti, a quien en una entrevista de radio durante la Guerra Civil Española le preguntaron por qué había volado todos aquellos edificios que tenían un alto valor cultural. Su respuesta fue genial: si una vez fuimos capaces de construirlos la próxima vez los podremos hacer mejor. Además de divertido, me pareció que aquella reflexión contenía una serie de ideas que más tarde formarían la base del punk.”

 

“Cuando dejé la escuela en 1971 me sentí en la obligación de hacer algo. Por entonces lo más emocionante para un joven inglés era arreglarse, vestirse con sus propias ideas. En Inglaterra entendíamos que el arte de “arreglarse” era la mejor manera de escapar de tu entorno familiar, porque para nosotros la idea de crearte una imagen era la manera de manifestar que no formabas parte de un sistema. Así que la moda con mayúsculas se convirtió en una manera de expresar toda la política artística que había descubierto a finales de los sesenta.”

 

“En 1972 abrí una tienda cuya intención fue provocar un interés renovado por el rock’n’roll. La monté en King’s Road y se llamó Let It Rock. Vendía principalmente indumentaria propia del rock’n’roll y lo más extraordinario era que todas las estrellas de entonces (Rod Stewart, Gary Glitter, Ringo Starr, David Bowie o Mick Jagger) venían a la tienda a comprar precisamente lo que ellos mismos estaban inspirando en la juventud británica. Me encontré en la peculiar situación de estar vendiendo ropa a las estrellas del rock, lo que no resultaba muy interesante para cumplir mi propósito. El mercado que buscaba era el público más joven.”

 

“Así que me harté y dejé la tienda para intentar montar algo moderno, algo que tuviera fuerza, que conjugara todos los elementos propios de la anarquía y la motivación. Quería descubrir cómo poder convertir la moda en algo provocativo, cómo crear moda y a la vez recuperar de nuevo toda la fuerza del rock’n’roll. Y entonces se me ocurrió que lo más directo era vender sexo; la ropa y los complementos relacionados con el sexo, algo que sólo se anunciaba en letras muy pequeñas en las últimas páginas de los periódicos. Yo quería mostrarlo en mitad de la calle y venderlo en boutiques modernas de Chelsea. Así que me deshice de todo el material de los cincuenta y empecé a vender faldas de goma y collares de perro de cuero. Puse al descubierto toda esa serie de prendas fetichistas que cierta gente había estado comprando años atrás en pequeñas tiendas semi-secretas. Mi intención era ponerlas de moda para los más jóvenes.”

 

“Por la tienda solían venir muchos chicos que buscaban algo que fuera suyo de una forma exclusiva, que les hiciera diferentes. No eran precisamente fans de David Bowie, de Bryan Ferry ni de las grandes estrellas del momento. Se sentían cada vez más desilusionados porque todas esas estrellas se iban apartando cada vez más de la forma de vida con la que crecieron. Eran inaccesibles. Y de repente, pensando en ello, me di cuenta de lo que hablaba antes: el hecho de arreglarse y vestirse sin seguir estereotipos era la manera más directa que la gente tenía de expresarse. Es un método de expresión que nada tenía que ver con el pasado ni con el sistema, sino que estaba revelando algo nuevo. Que gustara o no, eso no era lo importante. El punto de agresión contra las formas establecidas radicaba en el simple hecho de hacerlo.”

 

“Llamé a la tienda Sex. Empecé a vender mogollón. Todos los chavales querían exhibirse por la calle. Las calles de Londres empezaron a convertirse en escandalosos escaparates. Todos iban a trabajar en pantalones de goma y collares de perro. Algunos fueron despedidos y otros arrestados, porque algunas de mis camisetas tenían motivos pornográficos que alteraban la moral de los ciudadanos londinenses “más ejemplares”. Los jóvenes pronto se dieron cuenta que habían conseguido una imagen propia, pero yo sabía que ante todo necesitaban un sonido que les acompañara, una historia que contar. Algunos de esos chicos se convirtieron en The Sex Pistols.”