“En mi tienda colgaban todo tipo de eslóganes; uno de ellos decía: “¿Acaba la pasión convirtiéndose en moda?”. Aquello guardaba relación con las frases que tanto me motivaron del mayo del 68 parisino; máximas como “Debajo de los adoquines está la playa” o “Sé razonable, pide lo imposible”. De hecho, The Sex Pistols se convertirían en grandes creadores de eslóganes. No adoptaron la postura de los anteriores grupos de rock’n’roll, cuyas ambiciones simplemente radicaban en crear un específico marco musical. Los punks utilizaron el sencillo 4×4 del rock’n’roll y sólo con eso crearon sus himnos.”

 

“La gente podía asimilar todo ello desde un punto de vista filosófico, como un ataque al status quo imperante hasta entonces. Empecé a vender fanzines de The Sex Pistols. Vendía cantidades increíbles. La cifra era más grande que los periódicos que se vendieron cuando acabó la Segunda Guerra Mundial. The Sex Pistols no era tanto un grupo con una carrera como la materialización de una actitud que todavía molesta a la gente, porque ninguna forma de la música popular de entonces era capaz de erosionar la sociedad. Simplemente proporcionaba una excusa para suavizar el palo de la vida cotidiana. Sin embargo, The Sex Pistols aparecieron en escena para clavar el cuchillo y removerlo bien en la herida.”

 

“Sinceramente, nunca pensé que The Sex Pistols fueran a vender tanto. Mi papel en aquella función era conseguir la mayor cantidad de dinero en el menor tiempo posible. Y todo de una vez. En la semana del Jubileo, cuando la reina baja por el Támesis con su cortejo de lacayos y adorables aristócratas, sacamos un single que titulamos “God Save The Queen”. Esa misma semana, sin haberse oído en la radio ni programado en televisión, fue número uno, y eso en Inglaterra es una hazaña increíble. A la industria discográfica le fastidió tanto la idea que tacharon en la lista de ventas el espacio reservado para el número uno con una línea negra, e incluso en las tiendas de discos más importantes se negaron a venderlo. Era curioso; la gente acudía a las tiendas a comprar el número uno sin saber lo que era, y cuando preguntaban por él el dependiente les decía: “No lo tenemos. Ese single dice algo de la reina, no sé realmente el qué, pero no lo vendemos.” The Sex Pistols tenían más en común con Charles Dickens que con Muddy Waters o Chuck Berry.”

 

“Luego hicimos una película que se llamó “The Great Rock’n’Roll Swindle” (el gran timo del rock’n’roll). La intención era exagerar, incluso más que los periódicos, el ambiente de paranoia y confusión que se había creado en la sociedad británica con el grupo. Por un lado, queríamos dejar claro que aquello sólo era un enorme fraude, pero por otro, nos motivaba continuar con aquel enigma y mantenerlo vivo, porque si nos hubiéramos manifestado de otra manera, como hubiera reaccionado cualquier otro grupo de rock, todo hubiera sido muy aburrido. Hubiéramos estado ante un simple capítulo de una historia tan llena de mentiras y engaños como es la de la música popular.”

 

“Visto desde otro punto de vista, lo que hicimos fue introducir la palabra “anarquía” en el diccionario de los niños, porque cuando tienes ocho años es fácil comprender el verdadero significado del término y valorar el simple acto de vestirse de una determinada manera. Esto último fue absorbido rápidamente por la cultura británica. De hecho, la moda siempre ha formado parte de nuestra cultura. Los ingleses inventaron el traje de chaqueta hace doscientos o trescientos años para encarcelar a la gente en una camisa de fuerza, mientras que el rock’n’roll siempre supuso para mí la necesidad de liberarme de ese traje.”

 

“A los quince años se suele padecer una frustración sexual tan terrible que te lleva a sentir la necesidad de destrozar tu entorno. Así que el rock’n’roll, y bajo un prisma visual y no musical, nos proporcionó una manera de hacerlo. Además, me di cuenta de lo unidos que están en Inglaterra los campos de la moda y de la música. Si Boy George se pone una falda lo hace para ocultar su clase social; lo mismo que si Adam Ant parece recién salido de una película de Errol Flynn. Es una manera de desvincularte del sistema; vivimos en una sociedad muy clasista, por lo que el código de la ropa es muy importante si quieres salir de ella. Como ejemplo, volvamos a la forma de vida de los aristócratas ingleses. Todos viven en gigantescos castillos en los que, generalmente, sobre la chimenea cuelgan enormes cuadros de sus antepasados. Esto es una norma común. No quieren que cambie nada y, si en algún momento de su vida, se han preocupado por el arte, éste trata sobre aspectos que describen su estático espíritu. Ante esa negación a cualquier tipo de cambio social, el punk demostraba de una manera visual que ese temido cambio se estaba produciendo.”

 

“El situacionismo trató de concienciar a la gente del potencial que subyace en el arte. Para mí, el situacionismo era la manera más rocanrrolera de hacer política que existía e intenté incorporarlo a la cultura inglesa, porque nosotros no somos tan cultos como los franceses. Repito: no somos tan cultos. Pensar lo contrario es vivir en una increíble mentira que se ha venido manteniendo desde que Londres exportó a The Beatles basándose en la utilización de los ritmos negros como si aquello fuera un descubrimiento inglés. Londres se vendió como la capital mundial de la música pop, pero eso es una enorme mentira. Los ingleses no tenemos caderas para bailar, así que la música es algo que siempre tendremos que piratear.”