“Pero llegó el momento en que al dragón le cortaron la cabeza. The Sex Pistols ya no existían y vinieron a mí a pedirme que les rindiera cuentas, por lo que tuvimos un juicio en el que no me fue nada mal. Sid Vicious había muerto en Estados Unidos. Estaba acusado del asesinato de su novia Nancy, pero poco después murió de sobredosis de heroína. Tuve que salir del país porque el simple hecho de que yo viviera en Inglaterra les ponía muy paranoicos. La tensión era tal que me marché a vivir a París. El motivo principal por el que elegí París era porque los franceses suelen adoptar cualquier cosa que los ingleses odian. Así que fui adoptado como lo fue en su momento Oscar Wilde.”

 

“Al cabo de un año, una compañía discográfica inglesa me realizó una oferta, por lo que volví a Londres. Además, en París no estaba pasando gran cosa. Cuando regresé descubrí que habían inventado un nuevo término, la new wave, para poder vender música a la vieja usanza. Para mí, el verdadero significado de aquello era que Mick Jagger podía cortarse el pelo y volver a vender discos. La desaparición de The Sex Pistols permitió nuevamente la venta normal de música; todas las viejas estrellas del pop podían volver a brillar. Y, curiosamente, todos ellos se convirtieron en padrinos del punk; en benefactores de un estilo que nunca les aceptó y que les había condenado al ostracismo. Aquellas viejas estrellas se habían vuelto a apoderar del mercado. Ese es el panorama que me encontré cuando regresé a casa. El espíritu de Londres era terriblemente gris.”

 

“Teníamos a Margaret Thatcher, que había dicho a aquellos chicos que escuchaban las canciones de The Sex Pistols sin obedecer ninguna norma escrita: “sois malos, no tenéis trabajo y debéis sentir asco de vosotros mismos.” Todo el mundo agachó la cabeza. No hubo grandes reacciones en contra y los grupos punk terminaron por ser expulsados del gran negocio discográfico. Las compañías discográficas no tenían ningún interés en ellos por dos razones: las presiones externas para no publicar sus discos y la aparición de una nueva manera de vender música, como era la new wave. Como los hijos de los banqueros y los licenciados estaban mucho más capacitados que los punks para comprender el término “carrera musical”, la new wave fue rápidamente adoptada como nuevo lenguaje músico-juvenil. Así llegó el retorno de la brigada de las pajaritas y las corbatas. Todo el mundo se volvió pulcro y elegante. La situación social se encauzaba; un banquero podía invitar a un chico que tocaba en un grupo a conocer a su hija. Era muy agradable poder vender discos a cualquier persona; de hecho, una madre podía comprar cualquier disco a su hija. Aquello fue una gran fiesta social.”

 

“Me hice amigo de un tío que estaba metido en esta historia pero que no conseguía triunfar porque usaba maquillaje y la gente creía que era marica. Se llamaba Adam Ant. Tenía una inclinación fetichista increíble, de hecho era un auténtico fan del cuero y de la ropa de espuma. Con Adam traté de dar con una palabra que lo resumiera todo. Vi que este hombre respondía al concepto de pirata moderno. Le dije que se deshiciera de todo el cuero negro. Todos los piratas desafiaban la ley y creaban una propia; era perfecto para vender música de un modo divertido y rebelde. Le iba a vestir de oro, a colocarle un sombrero y a darle un punto de agresión que tome del indio Jerónimo, que se pintaba una raya blanca y oblicua en la cara cuando iba a guerrear. Adam se pintó esa misma raya en el rostro y se marchó fuera de Londres una semana con un par de libros que le di, una biografía de Jerónimo y una novela de piratas. Debía leerlas para poder rematar su personaje. Cuando volvió nos dedicamos a buscar un nuevo ritmo que le hiciera único, algo diferente y más exótico, que pudiera relacionarse con la idea de un pirata, con la costa oriental de África. Y descubrí que el ritmo más apropiado era el que había encontrado en un museo de París, un ritmo propio de los indígenas de Burundi. Me puse a ensayarlo con su grupo, a adoptarlo a las estructuras del pop y a conjugarlo con diferentes eslóganes, como “Los reyes de la frontera salvaje”.”

 

“Aquello no era tan fuerte como lo que había conseguido con The Sex Pistols, pero tuvieron mucho éxito y me di cuenta de algo asombroso: se convirtió en un éxito inmediato gracias a que Adam Ant parecía en la portada del disco como un personaje apto para todos los públicos. No había ambigüedades. Adam no tuvo que trabajar su imagen porque ésta ya había calado automáticamente entre la gente. Tenía un aspecto brillante y nuevo.”

 

“Mi tienda cambió de nombre. La llamé World’s End y estaba diseñada como la cubierta de un viejo galeón. El suelo no estaba derecho; según entrabas te caías y vendía lo que di a conocer como el “estilo pirata”. La abrí al mismo tiempo que tuvo lugar la boda de Lady Di con su novio Charly. Recuerdo que algún periódico abrió su edición con el titular: “La princesa y el pirata”. Tal fue su éxito.”